Inseptos inectos/ “Para los insomnes”

Por Rafael Greco T.

Los geranios, sabían que se desplazaban en un vagón hacia el fin del mundo.

Eran todos iguales ante el juzgado de la penumbra. En silencio los esplendores iban olvidando los testimonios de las horas tempranas.

Eterno será el telón de la noche y los patios desvestirán sus musculosos horrores; la belleza estará a la orden de otras criaturas.

Se adaptará la negrura como esponja usada, expandiéndose en espacios abiertos, abultándose en rendijas, borrando la geometría de las esquinas, los contornos atrevidos, el ensayo de pinceladas rectas con acuarela de kínder que la luz ha regalado.

Resbalando por elegantes cuellos florales, los gnomos que comienzan a trabajar espantando babosas y caracoles, tardan en mostrar su fosforescencia; al encenderse, iluminan a esas primeras víctimas e imitan cruelmente sus contorsiones que parecen coreografiar la estridulación de los saltamontes. Al marcharse los malvados a hurgar trastos de cocina, entrañas de armarios, los lugares quedarán convertidos en escenarios para las ranitas, los escarabajos trabajadores y tercos, perros despechados, para viva queja de los insomnes.

Estirando una de sus puntas inferiores, un lucero nadador comprobará la tibieza del charco que dejó la boca de la manguera en un piso de cemento.

Esta vez la luna llorará oculta, entre nubes, su soledad.

Para los insomnes

Foto: Rafael Greco T.

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