Imagen pensativa

Punto de Vista: El montaje como sintaxis del lenguaje audiovisual

Por Paola F. Bishop

Hasta este momento nos hemos enfocado en abordar, de forma resumida, el concepto de imagen pensativa como semilla de la reflexividad en el sujeto que experimenta lo audiovisual, y la obra misma como constructora de nuevo sentido común a partir de ella. Ahora, ¿cómo se construye este nuevo sentido común? ¿Qué parte de lo audiovisual hace posible esta construcción?

Todas las formas de construcción de sentido audiovisual (innovadoras, clásicas, narrativas y no narrativas) se sustentan sobre una unidad primaria de sentido, el Punto de Vista (pdv/pov), y su expresión visual (el plano). En el lenguaje audiovisual, el plano es lo equivalente a la palabra, y es el montaje, la forma gramatical que ordena esta frase que comunica algo sobre algo. Así como en la vida el punto de vista de cada historia es único y propio, el PDV audiovisual es también particular y absolutamente subjetivo, y es en su exploración y definición donde nace la imagen pensativa.

La obra audiovisual se nos presenta con dos opciones para desarrollar y transmitir mensajes: su forma narrativa y su forma no narrativa. La forma no-narrativa audiovisual carece de estructura, historia, argumento, causalidad y linealidad, es la forma natural del videoclip musical y el videoarte, y su ordenamiento es bastante aleatorio. Igual tiene un punto de vista, cada plano filmado es una elección del lugar desde donde nos interesa mirar (y que el otro mire) el objeto, la persona, su existir. El punto de vista es la forma, múltiple, en la que miramos los territorios sensibles a los que nos hemos referido en artículos anteriores.

En este primer acercamiento al PDV audiovisual, nos interesa explorar la forma narrativa de la obra audiovisual, en sus dos primeros niveles.

Desde el momento en el que definimos la historia (lo que se cuenta) y la diégesis (el territorio sensible de la historia) de un relato a contar, estamos desarrollando su punto de vista. A partir de este momento se construye sentido a través de sus tres niveles: el ideológico, el narrativo y el visual.

La selección del relato a contar, la historia, el mensaje que se quiere transmitir, el lugar sensible desde donde se presentan a los personajes y sus acontecimientos, pertenecen al nivel ideológico. Este se erige a partir de contenidos psicosociales particulares, todos percibimos la realidad colectiva desde un lugar muy subjetivo.

Podemos encontrarlo manifestado en las sensibilidades que nos despiertan, las emociones que nos generan, las reflexiones a las que llegamos. Todas las obras audiovisuales tienen un nivel ideológico de su punto de vista, y se evidencia en aquello que nos deja cuando terminamos de experimentarlas. Es lo espiritual (y lo político), de la semilla en el pensamiento que genera la imagen pensativa. Es la idea de poder, familia, amor, guerra, unión y política que nos transmite, por ejemplo, el relato audiovisual de Juego de Tronos (HBO/2011 – 2019).

El lugar subjetivo de la diégesis desde donde se nos presenta esta idea, pertenece al nivel narrativo. Es el lugar (sujeto-territorio) de la historia que elegimos para transmitir el mensaje. El nivel narrativo del PDV audiovisual se desarrolla a través de un proceso que involucra, en primera instancia al guión, y en última instancia al montaje. Es elegir contar la historia presente en Bebé Reno (Clerkenwell Films/2024) desde el lugar de la víctima, y no de la victimaria.

En cuanto al guión, se evidencia en cómo se construye la historia, los diálogos, los recursos narrativos (flashbacks, alternancias, etc.), la jerarquía de las tramas y las subtramas, el ritmo de presentación de la información, la profundidad del desarrollo de los personajes, y demás elementos compartidos con la literatura. Cada elemento que se elige en un guión, es para direccionar la mirada a un contenido sensible determinado. El guión literario define desde donde se cuenta lo que se cuenta, y lo hace teniendo en cuenta al montaje como forma de contarlo. Es en este momento del proceso de creación donde surge lo específico del carácter narrativo del PDV audiovisual, el montaje.

El montaje audiovisual es el proceso de reordenamiento del espacio y el tiempo de un relato audiovisual. Es la forma en la que las palabras (planos) se convierten en una frase (escena) que transmite una información, y para alcanzar sus potencialidades como forma narrativa es necesario integrar, en su forma más pura, los conceptos primarios con los que trabajamos los montajistas: el de tiempo y el de espacio.

El plano es un recorte espacio-temporal de una historia, y el montaje trabaja sobre la selección, el orden y la duración de esos recortes, de forma que tenga sentido, que resalten las intenciones y los conflictos de los personajes a través de los cuales se ha elegido mirar ese universo. Es por ello que como proceso es único a lo audiovisual, y porque a su vez también opera en el nivel visual de PDV, que desarrollaremos en una próxima entrega.

En el nivel narrativo de la obra audiovisual, el montaje surge como herramienta para crear, destruir, moldear, profundizar y transformar el tiempo y el espacio de las historias, a través de un elemento fundamental: el corte. El corte o la ausencia del mismo es lo que direcciona la mirada, ubica espacio-temporalmente al PDV, lo dota de sentido y significado.

El montaje está presente desde el instante en el que al escribir un guión, decidimos si comunicar a través del montaje interno o externo, porque incluso en aquellos casos en los que la historia se narra desde un PDV visual donde la ausencia del corte es resaltada como cualidad, como es el caso de Birdman (2014) de Alejandro González Iñárritu o Playtime (1967) de Jaques Tati, la duración de cada escena rica en ritmo interno, sigue estando conectada a otra similar por un corte a nivel técnico, definiendo así el ritmo externo de la diégesis a través del montaje.

El corte se nos presenta como límite y como apertura al mismo tiempo, permite falsear espacios, saltar temporalmente, sacar o insertar información, es el área crítica de construcción de sentido en cuanto a lo último que se ve del plano saliente, y lo primero que se ve del entrante. Es el lugar que limita y permite la presencia de la imagen pensativa, en encadenamientos de imágenes funcionales. Es en esta zona donde siempre nace una idea, azarosa o no.

La idea sensible que se transmite en una escena es diferente dependiendo de cómo usamos el corte como punto de nacimiento del sentido, en todas sus dimensiones. 2001: A space odyssey (1968) de Stanley Kubrick genera una reflexión diferente si modificamos el ritmo externo en la duración de sus planos, por mencionar un ejemplo. Su PDV a nivel narrativo, y a nivel ideológico, está construido sobre un tiempo de lectura de la imagen, necesario para generar la reflexión a partir de la sensación de tensión suspendida. 

Así como no hay arte sin ruptura, no hay sentido audiovisual sin montaje, y no hay PDV sin recortes subjetivos espacio-temporales. En su nivel narrativo, el PDV audiovisual construye sentido a través del montaje como proceso, con el corte como herramienta de ordenamiento espacio-temporal de los territorios sensibles.

A este nivel narrativo del PDV audiovisual (desde lo visual), habría que sumar las dimensiones del punto de escucha, con sus propias formas de crear y destruir espacios y tiempos, para comprender la totalidad del mensaje audiovisual.

En estos primeros dos niveles, el PDV audiovisual define su mensaje, su objetivo, su forma, su orden y su lugar sensible. En el nivel visual, que abordaremos en la próxima entrega, es donde nacen las palabras, donde se define qué es necesario mirar del territorio sensible, cómo se expresa la imagen pensativa. Es donde el PDV audiovisual se materializa en toda su unidad estética y de contenido.

Para concluir, y antes de abordar el nivel visual del PDV, les invito a ver el videoclip del sencillo Revés/13 (2001) de la banda mexicana Café Tacvba, un ejemplo bastante tangible de las posibilidades creativas de lo antes expuesto, una vez integrados sus conceptos en una unidad de sentido.

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