La obra dirigida por Ángel Pelay es protagonizada por Antonio Delli y Rafael Romero. Dos hombres que esperan el desenlace mientras repasan sus vidas
Una obra al límite, teatro de vértigo y cercano al cerco eléctrico. Dos extraños se conocen en una azotea. Son desconocidos hasta ese momento. Tan solo tienen nociones del otro. Líneas que leyeron de una planilla burocrática con datos personales y preferencias de vida.
Uno es interpretado por Antonio Delli y el otro por Rafael Romero. El primero luce escurridizo, algo nervioso e impulsivo. Indignado cuando se entera que su compañero mintió en el cuestionario. El segundo luce más seguro, algo cínico ante la vida.
Son los protagonistas de Azotea, la pieza teatral del dramaturgo español Xavier Puchades que se presentó en la posada Bambuzal de Colinas de Bello Monte. Dirigida por Ángel Pelay, el lugar elegido sirve para el despliegue de una historia que se vale del balcón, los muros, cornisas y escaleras para exteriorizar los sentimientos de los personajes.
Los dos hombres entablarán un largo diálogo en el que se descubrirán poco a poco, confirmarán sus verdades, confesarán sus mentiras, reflexionarán sobre el momento que atraviesan; anécdotas que se convertirán en reflejos de traumas.
Azotea es una obra sobre los vínculos; las caretas, la vida profesional, la infancia, los padres, las pertenencias, el despojo y la expectativa. Allá arriba ambos aguardan que llegue el momento.
El espectador de Azotea siempre estará a la expectativa de que será lo que anhelan ambos personajes y lo que finalmente ocurrirá. Mientras, los actores se pasean por distintos lugares, y quien observa sentirá el peligro latente en una puesta en escena desafiante. Así subrayan el límite íntimo en el que viven quienes disciernen sobre la vida entre barandas y muros.
Las actuaciones de Antonio Delli y Rafael Romero son las justas para ambos personajes. Expresan la desconfianza inicial para luego llevar a una compasión entre ambas figuras que encarnan; un vaivén en el vínculo que se acerca y se distancia como toda experiencia humana.
Todo hilvanado con un texto que respeta los momentos propicios para la explosión y luego entender la distensión necesaria.
Azotea es una obra que se atreve a ir más allá del espacio convencional del teatro, pero no por el mero hecho de marcar una diferencia, sino por la necesidad de una narración que necesita ese momento físico entre personaje y lugar, la exigencia de la gravedad como tercer involucrado en las líneas. La gravedad que siempre quiere ganar.
El final puede resultar algo obvio y poco atrevido, pero tal vez sigue la misma línea de lo que se vio en escena, en ese énfasis en remarcar la personalidad de cada personaje de Azotea.
Una obra que explora la existencia, no por nada es dirigida por alguien del teatro que también es psicólogo. Ángel Pelay suele buscar esos temas que indagan en el proceso de vivir y sus cruentos senderos.









