Inseptos inectos

Inseptos inectos/ «Seres»

Por Rafael Greco T.

El misterio de las aguas ha estimulado por siglos la imaginación de marinos, conquistadores, poetas, escritores, cartógrafos, ilustradores y soñadores.

De mis largos viajes como capitán de una goleta he hablado poco; quizá lo amargo de mi temperamento, el profundo desprecio que manifiesto por la gente de tierra o el asco que me produce ver mis recuerdos mojados en la tinta han impedido verter desde el asombro de mis ojos lo que he visto. El coñac ha ablandado mi pecho de leña tras varias explosiones en el fondo del paladar; calmada la tos provocada por el último trago y el humo del tabaco, describiré ahora algunas bestias que continúan apaleando mi espíritu en medio de sudorosas pesadillas.

La Barbilonia (Golfo de Alaska)

Esperpento demoníaco, cabeza de Barbie y cuerpo parecido a un frasco de Jean Marie Farina. Se comunica alternando el yupic con gemidos eróticos. Se cree una gran cosota. Presume la imposible halitosis y siempre está verificando su aliento echando hacia adelante el maxilar inferior. Los ejecutivos de las empresas se van a las costas a recibir baños de brisa para no gastar en perfume.

Groseramente, La Barbilonia, abre las fauces para tragar embarcaciones enteras. Son comunes en Alaska los suvenires de barcos dentro de sus intestinos transparentes.

El Milanecio (Norte del Adriático)

Descomunal bistec empanado de provocantes ojos saltones. 

Ha contaminado de colesterol toda la fauna local. La hórrida criatura es porífera; su digestión es intracelular. 

Pocos aventureros han intentado evitar la insistente reproducción de este martirio viviente, pero su tóxica naturaleza seductora ha diezmado el atrevimiento femenino y el coraje de los hombres; en consecuencia, están condenados a la soledad todos los pueblos ribereños.

Los gobiernos han estimulado el consumo de comida rápida y el vegetarianismo, pero el daño gastronómico es incalculable.

El Áke Núsa Bei (Lago de Maracaibo)

Torso y cabeza de cabimero con cola de serpiente. Para mi espanto, solo lo vi una vez entre los manglares de la laguna Las Peonías.

Se alimenta de comentarios, chismes, cuentos, cerveza y creencias infundadas. Guarda en su cavidad bucal una temible lengua que mide ocho metros de largo por cinco de ancho. No hay noviazgo, matrimonio, ni vínculo familiar o afectivo que se salve de esa malignidad.

De podrida entraña, siembra la duda entre sibilancias y garlidos cuyos ecos son escuchados por todos los habitantes del estado Zulia, a excepción de las víctimas.

Goza de inmortalidad el extravagante engendro.

Inseptos inectos

Texto y foto: Rafael Greco -T.

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