Alumbramiento

Inseptos inectos/ «Alumbramiento»

Por Rafael Greco T.

Destacan sombras en oposición a los tonos glaucos. La luz se sostiene por insistencia de la tarde mientras se pincelan los cielos con naranjas y púrpuras. Apurados por el dominio de la penumbra los cerros se recortan para convertir al paisaje en lámina de cartulina dividida por delgados hilos de plata. Me perturba ver tumbada de espaldas a una ciudad de poros encendidos, de gritos ahogados, espejismos y crujidos; sentir la fragilidad de estas horas, la ferocidad al tacto, una herida abierta. Voy hundiéndome junto a los alaridos de la niña de mi vecino; atravieso pasillos, bajo las escaleras, abro puertas que conducen a un calor hiriente, a olor a gasolina derramada. Los perros minaron la vereda, el animal muerto que nunca levantaron, un motorizado discutiendo con la conductora de un jeep. Más adelante, un “se acabó el pan”, solo habrá guayoyo cuando amanezca. La policía matraquea al joven del Honda rojo. A pasos, la farmacia abarrotada, otro ticket. Caras dislocadas en fila que evitan el saludo, que no miran a los ojos, perdidas en el papel arrugado que soban con el pulgar para declamar la lista con voces aburridas.

No hay cambio, los billetes para la camionetica hay que cuidarlos como joyas; todo es un tubo de escape y esa vibración del motor que se queda en la garganta de los pasajeros.

El piropo no se ha convertido todavía en acoso. La muchacha de leggins no se sonroja, solo esquiva al grupo de trabajadores que comparten aguardiente entre quejas y carcajadas.

Hay sinfonía de chicharras. 

En el reflejo de la ventana la sonrisa resbala gracias la timidez de unos luceros.

Nació la noche.

Alumbramiento

Texto y foto: Rafael Greco -T.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.