Lo que ve el río al abrir sus ojos

Lo que ve el río al abrir sus ojos

Un dossier reúne las inquietudes poéticas de jóvenes nacidos en los años noventa. Un espacio para acercarse y conocerse en un contexto desafiante de nuevas maneras de publicar y expresarse

Por Diego Almao

Todo registro es necesario porque es una derrota del olvido. Lo que se escribe, graba, pinta y dibuja tiene más oportunidades de sobrevivir al vacío que aquello que solo la memoria y los sentidos pueden sujetar, pues encuentra un soporte en donde sostenerse y resistir el embate de los años.

En el arte, las antologías son uno de esos refugios. Hablemos de música, cine o, en este caso, literatura, son colecciones que reúnen trabajos de una disciplina con base a una serie de criterios, sean estéticos, históricos, temáticos, socioculturales, o de otro tipo. Independientemente de las claves en juego, el propósito de las antologías es difundir y visibilizar una serie de obras para su consumo, reflexión y diálogo dentro de su ámbito específico. Este es uno de los objetivos de Si el río abriese los ojos: una antología de la continuidad.

Desde hace unos meses, Bolívar Pérez, Juan Lebrún y Zorian Ramírez Espinoza construyen un cuerpo literario, una serie de voces y sensibilidades nacidas desde 1990 y que, entre convergencias y disidencias, representan una parte significativa de un universo poético sediento de representación en este lado del caribe; una generación que usa medios fuera de las convenciones literarias para superar el silencio y llegar a donde deba llegar, conmover a quien quiera ser conmovido, movilizar lo que necesite desplazarse.

La necesidad de antologar

Como dice el prólogo firmado por los compiladores, esta antología sirve como una manera de crear un registro formal de la obra de distintos autores emergentes que, por razones varias, pueden no contar con una bibliografía extensa o no tienen bibliografía tradicional en lo absoluto, lo que permite a la mesa de intercambio literario del país encontrar un nido de nuevas voces que diversifican, reinventan y recodifican la creación literaria.

Este trabajo de investigación, descripción, lectura y más responde también a una necesidad de esta generación nacida de 1990 en adelante de conocerse, leerse y acercarse en un espacio común. El dossier vincula las voces que lo conforman y las integran como cuerpo literario de una determinada época, al mismo tiempo que les ofrece un soporte mucho más sólido que permita trascender y resistir al tiempo.

Lo que ve el río al abrir sus ojos
Los tres compiladores de la antología. Cortesía de Astrid Carolina Hernández

Al poder reunir diferentes trabajos de varios escritores, este dossier no solo permite encontrar continuidades dentro de la propia obra de cada autor, sino también observar la manera en que su trabajo poético dialoga en el conjunto, en qué medida y aspecto, dejando también la posibilidad de visualizar rupturas y divergencias sobre la manera de abordar un objeto, momento o sensación.

Lo que une lo desunido

Cada una de las voces que conforman la antología tiene un estilo propio, pero todas son parte de una generación marcada por características sociales, culturales, políticas y técnicas que influyen en la manera de concebir, sentir y abordar la realidad, lo que posibilita la búsqueda de una base común donde los senderos de cada escritor comienzan su propio rumbo.

Hablamos de una generación donde la comunicación digital se convierte en un factor clave para la producción literaria y artística en general, así como una vía alternativa de construir y acceder al circuito de creación, difusión e intercambio cultural que parece desligarse de los mecanismos tradicionales, dícese revistas físicas, certámenes, editoriales, y demás. Con la llegada de espacios como blogs y redes sociales, formar parte de un sistema literario se vuelve más instantáneo y menos restringido, pasando del cumplimiento de unos criterios estéticos y literarios específicos a seguir determinados perfiles digitales y crear y subir contenido, todo en unos cuantos clics.

Es una generación sumida también en una realidad cada vez más dinámica y difícil de aprehender y consolidar. Las transformaciones de finales y comienzos de siglo han ido moldeando un mundo mucho más acelerado y que nos impulsa continuamente a la adaptación y flexibilidad a la hora de dar sentido a la realidad y significarnos como personas con sueños, frustraciones, expectativas, deseos y esperanzas. En este contexto, y como dice el prólogo, «la escritura es un mecanismo de elaboración de sentido ante las crisis personales y colectivas, también ante las contradicciones y la maravilla que implica estar vivo».

Lo que ve el río al abrir sus ojos
La asistencia en la sala TAC. Cortesía de Astrid Carolina Hernández

La situación país es determinante para entender aspectos relacionados a la precarización de la vida, las dificultades para concebir un horizonte de futuro, la polarización política como clave de la fragmentación de la sociedad, y la resignificación de la identidad individual y la familia como consecuencia de la migración. No son aspectos que suelan aparecer directamente en la poesía recogida en esta colección, pero sí son claves que ayudan a entender el entorno que circunda la producción literaria y que la condiciona, de una forma u otra.

Además, el contexto nacional ayuda a explicar el deterioro, pérdida o complejización de las vías tradicionales de publicación, lo que explica el impacto de las plataformas digitales sobre los artistas emergentes y su primacía como principal medio de publicación y difusión de su obra, así como su rol de espacio de socialización y construcción de vínculos dentro de un sistema literario venezolano en continua ebullición.

Lo que trae la corriente

El título de esta colección es una referencia por partida doble. Por un lado, comienza con un verso de César Panza («Si el río abriese los ojos qué viera»), pero también incluye un fragmento de «Evaporarse», un escrito por la poeta Caneo Arguinzones («Haber retrocedido al abismo ha convertido la continuidad / en una festiva alabanza»).

Las elecciones no son casuales, sino que expresan un sentido. Una interpretación posible nos invita a ubicar los textos recogidos del dossier como elementos dentro de la vertiente poética de nuestro caudal literario, y la vertiente tomando consciencia de sí y reflexionando sobre lo que moviliza hacia distintos lugares. Es una manera de situar a esto autores y autoras en el hilo que sostiene el arte poético del país, en el intermedio entre un presente que nunca es ajeno a la actualidad y un futuro con posibilidades inexploradas y de un potencial infinito.

Lo que ve el río al abrir sus ojos
El poeta Hamid El Sayegh. Cortesía de Astrid Carolina Hernández

Así como un río de bosque, las temáticas de los poetas de esta colección pertenecen a varios caudales. Cada persona escribe como una manera de entender el paso del tiempo, la nostalgia, la experiencia del deseo, el poder de la tradición, entre otros temas. Hay un diálogo continuo con la naturaleza, las alteridades y con el propio origen de la voz poética, un diálogo que va cambiando formas y referentes a medida que transcurre entre los distintos estilos.

El siguiente es un fragmento de «Cari Cari por Caracas», un poema de Alejandro Indriago (mejor conocido como el Tuky Ilustrado). Como el título sugiere, la capital del país funciona como centro de la composición, incluyendo distintas referencias a la cotidianidad caraqueña que movilizan el texto y le dotan de imágenes.

Pequeña Venecia de charcos y lagunas

Despacio

El mercado es un coroto​​ 

bájale dos a tu yegua​​ 

hay alcabala en el camino

muchas piedras en el ser​​ 

mucho palabreo para la retórica​​ 

Rebuscando el efectivo

Gastando, gastando, gastando, gastando, gastando

el efectivo rebuscado

La siguiente pieza corresponde a una composición de Arianna Mathison, de nombre «Meta-morfe». Este poema invoca uno de los temas clave mencionados en el prólogo: el cuerpo, su transformación y contacto con el entorno natural, pero también como medio de realización:

Convertirse en mariposa

Gusano cuajado

Sentir la tierra en el ombligo

retorcerse

aullar entre cejas

 

Saberse larva

y querer volar​​ 

 

Cristalizar(se)

Este último extracto pertenece a «Hombre de Maíz», de Érika Manoche Barreto. En estos versos hay alusiones al hecho de trabajar la tierra y la ruralidad, entre otros, todos explorados mediante sus huellas en el cuerpo:

Hombre de tierra que habitas los días

con tu vaho de labios entreabiertos

y sorbo de cerveza

 

un haz de luz te aguijonea la carne

tu piel de tierra

  de geosmina

 

crezco de tu barba

y tus cabellos​​ 

como semillas

respirando de tu aliento​​ 

entre tus hombros y tus cejas 

el sol calienta los caminos de tu cuerpo

Encontrándonos por y para la palabra

Lo que sucedió el 8 de mayo en la Sala Trasnocho Arte Contacto, o Sala TAC para los amigos, fue una de las expresiones más visibles de que el dossier está cumpliendo sus objetivos: reunir la generación poética de un país, integrarla y fortalecerla en un todo mucho más sólido y consciente de sí, de su fuerza, de su diversidad.

Alrededor de 60 personas se encontraron para tener un acercamiento mucho más directo, vivo y dinámico a la colección. Entre reflexiones de los compiladores, resúmenes brevísimos del prólogo, presentaciones de los antologados (en vivo y en diferido), así como una intervención grabada de Alí Calderón, quien lidera la revista literaria Círculo de Poesía, la tertulia sirvió para que algunas personas del sistema literario venezolano se encontraran y reconocieran en vivencias, experiencias y miradas que no fueron ajenas para ninguno de los presentes.

Lo que ve el río al abrir sus ojos
La poeta Soriana Durán. Foto de Astrid Carolina Hernández.

Más allá de que el texto por sí mismo es suficiente para diferenciar los enfoques y sensibilidades de los poetas, las presentaciones del jueves 8 de mayo sumaron nuevas dimensiones en sonoridad y corporalidad. Sentir a cada uno darle forma, voz y cuerpo a sus escritos ayuda a entender algunas distinciones de su generación poética, así como la manera en que cada uno entiende, siente, experimenta y representa lo poético hacia el exterior.

***

Está claro que nadie vencerá la muerte. No es necesario decirlo, seguramente tampoco recordarlo. Sin embargo, ser conscientes de la brevedad es una manera de entender y recordar el valor de lo que dejamos atrás una vez nos desvanecemos. Entre la fugacidad, desorden y desconcierto de este tiempo, algo de nosotros puede permanecer. Esta antología es un esfuerzo por ello.

Si el río abriese los ojos: una antología de la continuidad es un espacio de representación para la poesía venezolana que se gesta desde los noventas, una expresión escrita sedienta de soportes distintos a los digitales que le permitan trascender su contexto, prolongarse más allá en la historia literaria del país y convertirse en un documento de consulta, crítica y reflexión para las generaciones por venir.

La invitación es sumergirse en el río, y leer a los poetas que conforman y conformarán la colección. Todos son una puerta de entrada a una generación que se desplaza entre nosotros; que camina nuestras calles, come en nuestros cafés y mira el mismo cielo y estrellas que nos arropan e invitan a vivir fuera de lo cotidiano y pensar en otras posibilidades.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.