El Cuarteto de Nos

La confianza en El Cuarteto de Nos

La banda uruguaya se presentó en la Concha Acústica de Bello Monte como parte de la gira promocional de Puertas, su más reciente álbum. El punto de encuentro para el furor por lo que se piensa y no siempre se dice. La introspección de jóvenes que siente que en Montevideo los escuchan 

Por Humberto Sánchez Amaya

Apenas pasa el mediodía. Diego Almao sube una historia a Instagram que muestra que ya hay gente en Colinas de Bello Monte. Hacen cola para entrar a la Concha Acústica, apuestan a estar lo más cerca a la tarima, lo más cerca a El Cuarteto de Nos, la banda de su catarsis que se presentará en ocho horas. 

Los conciertos de la agrupación son atípicos en un género como el rock; bueno, en realidad, en la música, en la que impera una dinámica de público joven que responde a los que no son tan lejanos a su generación, pero con El Cuarteto de Nos hay una excepción. Sus shows deben ser la envidia de esos artistas que no quieren vivir solo de su repertorio clásico.

No ha pasado un mes del lanzamiento de Puertas, y en la cola, que está mucho más larga a eso de las cinco de la tarde, varios llevan una máscara alusiva a “Cara de nada”. Otros visten de amarillo y rojo como Cris de “El cinturón gris”, de Lámina once, de 2022; ambas obras con el nombre del venezolano Héctor Castillo en los créditos de producción junto con Eduardo Cabra.

El Cuarteto de Nos
Cortesia de Roberto Peñuela

Una mirada rápida permite advertir que buena parte de los que están de pie con la promesa de la euforia no pasa los 25 años de edad. Ya frente al escenario, cuando se apagan las luces, la algarabía se queda corta como palabra. Incluso, aplauden y gritan cuando salen los roadies para terminar de acomodar un instrumento o mover un cable. Tal vez es el primer concierto de algunos.

“Cara de nada” es la primera canción de la noche, y la primera de las cinco piezas de Puertas que tocarán; de un álbum de ocho temas. Claro, es la gira promocional del vigésimo disco de El Cuarteto de Nos, pero no son canciones que suenan por obligación. De hecho, es raro que digan que son nuevas. 

Son esperadas. Cada una es cantada por el público como si la conocieran de hace años, incluso antes de nacer. Entre el tumulto se ven algunos menores de edad acompañados por sus padres, pero no necesariamente por un papá o una mamá que quiere que su hijo conozca a la banda que sigue desde los ochenta, los noventa o principios de siglos. No. Son adultos que están ahí sentados a ver qué es lo que tanto atrae a sus hijos, mientras esos jóvenes, algunos que dejaron la niñez ayer, brincan y cantan como si no hubiera mañana. 

Que no haya confusión, también hay en las gradas de la Concha Acústica treintones, cuarentones y cincuentones que responden como a un himno a “El hijo de Hernández”, “Ya no sé qué hacer conmigo”, “No llora” o “Invierno del 92”, pero también son los que se sorprenden a ver tanta juventud incipiente.

Quizá lo que tanto atrae son las reflexiones de Roberto Musso en sus letras, esa observación genuina de la vida, en la búsqueda constante de un destino como el personaje que siempre va a la casa de Damián, un pasillo con tantas puertas que piden ser abiertas.  

El Cuarteto de Nos
Cortesía de Roberto Peñuela

La aparente derrota en “Ganaron los malos”, la cumbia explosiva de un atrapado en la nada en “Mario Neta”, el desespero ante la adversidad en “Miguel gritar” o el manifiesto de buen padre en “No llora”. Tal vez muchos encuentran en Roberto la guía que es esquiva en el hogar, otros la confirmación de la perspicacia.

Cantan 22 canciones. Es la primera visita al país sin el bajista Santiago Tavella, uno de los fundadores de la banda. Dejó El Cuarteto de Nos en marzo de 2024. Por eso no suena “Enamorado tuyo”, esa cumbia hecha por rockeros sobre una negación que es confirmación.  Ese humor que tanto caracteriza a la banda uruguaya. 

A pesar de la partida de Santiago, en el escenario se nota a una banda unida. Bromean entre ellos, se ve que se quieren y respetan. Roberto besa en la frente varias veces al guitarrista Gustavo Antuña, Topo. Bromean con el baterista Álvaro Pintos. Santiago Marrero y Luis Angelero se intercalan en el bajo y los teclados. 

Roberto siempre sonriente corresponde a los saludos del público. Agradece a aquellos que vienen de Caracas desde otras ciudades. Enarbola el esfuerzo para llegar ahí ese sábado 14 de junio de 2025.

El Cuarteto de Nos
Cortesía de Roberto Peñuela

La banda no para. Al día siguiente viajan a Colombia para varios conciertos, uno de ellos en Rock al Parque. Los que ven a El Cuarteto de Nos por primera vez se sorprenden de lo alto que se mantiene el espectáculo. Cortas son las pausas y las canciones una tras otra son estridentes. Roberto y Álvaro pasan los sesenta años de edad. Tan solo baja la intensidad en “No llora”, la número quince de la noche. 

Cuando se acaba el show, previa promesa de Roberto de venir más seguido, queda la sensación de haber visto uno de los mejores conciertos del año. La banda y una pantalla gigante en el fondo bastaron para remover emociones acumuladas en momentos de incertidumbre. Una pausa en la rutina hacia lo desconocido permiten al público hacerse uno con un discurso que encuentran también suyo, a pesar de haber surgido en alguna habitación o estudio de Montevideo. Es el poder de la música que une en pensamiento y algarabía, especialmente cuando escudriña en miedos, molestias, euforias y sarcasmo.  Un público que asistió una vez más con la promesa de hacerse uno con la obra, y de encontrar la correspondencia de una banda leal a su impulso creador.

El Cuarteto de Nos

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