La cita no solo es una exploración entre objetos usados, sino también una manera de expresarse de esa Caracas alternativa que busca diversas maneras de expresar sus ímpetus
Por Diego Almao
Me recibieron caras conocidas y otras por conocer. Habré llegado cerca de las 7:25 de esa noche desde Chacaíto, viendo en el camino algunas personas que anticipaban el evento al que llegaría en pocos minutos. No hizo falta saludarlos, su mera existencia adelantaba las maneras de vivir y sentir el mundo que, una cuadra más abajo, encontraban un espacio para plasmarse en su máxima expresión.
El evento era en el Centro Cultural Chacao, pero la gente se extendía hacia las aceras. Desde lejos escuchaba y veía a unas cuantas personas comentar cosas de la reunión o de la vida cotidiana. De manera implícita, a todos los presentes nos interesaba suspenderla por unas horas. Ninguno quería una noche común.
Manera distinta de encontrarnos
Era apenas mi segunda vez. La primera fue en la edición anterior, a comienzos de junio, cuando Casino Caracas fue el lugar elegido para reunir a la cultura alternativa de la ciudad y sus varias manifestaciones. Fue también el segundo aniversario del proyecto, y como en todo cumpleaños que se precie, hubo una piñata.
Más allá del cambio de locación, la propuesta de Retromarket se mantenía igual: ofrecer a distintos artistas y proyectos independientes un lugar para darse a conocer hacia otros creadores y al público general, conectar con propuestas afines y generar ideas que impulsen el circuito alternativo de la ciudad y los creativos que le dan vida.
Retromarket es un evento híbrido. Por un lado, funciona como un mercado de segunda mano, dedicándose a la venta de artículos usados (ropa y accesorios, por lo general) a precios accesibles. Sin embargo, es también una exposición de arte, con varios artistas presentando sus obras al público o creándolas in situ. Además, según la edición, incluye presentaciones musicales de artistas emergentes.
La noche del viernes 11 de julio estaba servida desde y para la cultura, con lienzos pintados en vivo, puestos de accesorios, franelas intervenidas, lecturas del tarot, exposiciones improvisadas y personas interesadas en conocer nuevas manifestaciones que no suelen tener lugar en espacios tradicionales como museos o galerías.
Tres acercamientos
No había espacio para nadie más. Como signo del éxito de convocatoria, los lugares dispuestos por el centro cultural para el evento estaban repletos de emprendedores y público por igual. Independientemente del recorrido, siempre se perdería un instante, detalle o conversación importante.
En vez de acercarnos a la que fue la edición más reciente de Retromarket desde una única mirada, conozcamos la perspectiva de tres creadores que fueron parte de la celebración, cada uno desde su disciplina. Esto nos ayudará no solo a conocer el ambiente desde distintas ópticas, sino también entender el evento como una plataforma para talentos emergentes y una iniciativa necesaria para la cultura alternativa de la ciudad.
Filosofía y creación
La música de Cayiao, Kemawan y Jorge Andrés amenizaba la noche. Cultura en Banda, otra iniciativa artística de la capital, tenía su escenario en la Sala Experimental Raúl Delgado Estévez, en el nivel inferior del Centro Cultural. Del otro lado, Dayana Maldonado, o Es Doble D, presentaba sus obras al público.

Para ella, su proyecto trata sobre transformar lo que tenemos en algo nuevo, darle una segunda vida a lo que creemos que debemos desechar sin pensar en otras posibilidades. Esto es lo que ha guiado su relación con el collage y la pintura, un trabajo que usa para expresar su visión del entorno, visibilizar la cultura del país y lo útil de reutilizar. De esta forma, y como ella explica, quiere transmitir que crear algo no implica necesariamente comprar cientos de cosas, sino partir con lo que ya tenemos.
Dayana considera que el público de Retromarket se interesa genuinamente por conocer el trabajo de quiénes se presentan. En sus palabras, eventos de este tipo van de la mano con dedicar varias semanas a producir las piezas que serán expuestas, un esfuerzo debidamente recompensado cuando las personas se acercan a ellas y se asombran, en algunos casos, al punto de querer comprarlas.
La manera de reunir a artistas consolidados y emergentes, junto con fomentar la colaboración honesta entre ellos, es otro de los puntos que destaca la artista quien, además de Retromarket, participó como expositora en la tercera edición de Caminarte, la principal propuesta cultural del municipio Baruta.
«Retromarket brinda una oportunidad a cualquiera que tenga un talento, un negocio o emprendimiento y que esté queriendo salir adelante. Eso es muy bonito y lo he notado mucho aquí. Y realmente de eso se trata. Que todas las personas se sientan con la oportunidad de exponer su trabajo y que sean tratadas por igual».
Arquitectura según Arquimontero
Entrando al Centro Cultural Chacao, si caminas hacia tu izquierda, encontrarás unas escaleras que ascienden. No importa mucho su destino, sino que ellas fueron un espacio para que distintos artistas exhibieran sus obras en la noche que nos convocó. Alguna de ellas eran fotografías de nuestra ciudad, y venían del lente de Luis Montero.
Arquitecto de profesión, Luis estaba cerca para repartir stickers de sus propias fotografías de Caracas. Postales de la Ciudad, como presenta su proyecto, empezó hace más de 10 años como un pasatiempo para luego mutar a una fuente de ingresos en plena pandemia. Hoy en día, se ha vuelto un registro visual interesante de la arquitectura de la capital, pero también un punto de contacto de los migrantes con lo que dejaron atrás para buscar nuevos horizontes, como comenta Luis.

Para él, la noche del viernes 11 de julio tuvo mucho movimiento. Conocer a muchas de las personas y proyectos que estuvieron presentes en esa edición de Retromarket hace que Luis tenga una mirada precisa del esfuerzo que todos debieron hacer para ser parte del evento, esto sin importar el tipo de producto que prepararon para presentar y vender.
Luis considera que, si bien un evento como este es efímero, sigue teniendo valor como espacio para que los artistas y sus obras reciban visibilidad. Además, y saliendo un poco del enfoque artístico, afirma que Retromarket se presenta como un lugar para disfrutar sin ajustarse a la norma de las discotecas, lo que permite que nuevos músicos y DJs tengan la oportunidad de presentar un repertorio que no tienda a ser escuchado en esos lugares.
«Si voy 5 años atrás, Caracas ahora tiene más vida nocturna alternativa. Antes no te ofrecía tantos planes como te da hoy. Era que si una comidita, un cine, caminar… ahora hay otras opciones. Retromarket es un espacio de exhibición, pero también uno para disfrutar».
La Bruja Millenial
Una de las meninas caraqueñas resguardaba la mesa de Génesys. A lo largo de la noche, la tarotista recibió a varias personas interesadas en redescubrirse y anticipar posibles futuros a través de sus lecturas. Sin mentir, hubo un momento donde la gente hacía fila para atenderse con ella cuál doctora.
Para Génesys, el tarot funciona como un espejo, uno que utiliza los arquetipos y el lenguaje simbólico para mostrar la sabiduría y la experiencia humana. Habiendo aprendido a leer las cartas en Argentina en plena era del covid, La Bruja Millenial lleva alrededor de 5 años ayudando a las personas en sus procesos desde una perspectiva fuera de lo convencional, pero que es, después de todo, otra manera de ver la realidad.

Génesys me explicó que, como ella lo ve, no hay otro evento en la ciudad con el mismo poder de convocatoria que Retromarket. Ella señala distintas razones: la colaboración entre los expositores, el interés del público por encontrar tesoros ocultos, la facilidad de los expositores para acceder a los stands, y el ambiente de amistad y disfrute que caracteriza al evento, algo que ella atribuye a un determinado «código energético».
Un factor clave de Retromarket como evento es su par de productoras, la compositora Alejandra Herrera Mutti y la cantante Ana Morales. Para Génesys, parte de lo que le caracteriza la identidad del proyecto es la gestión de sus creadoras, un enfoque marcado por la apertura hacia las nuevas propuestas sin importar de dónde vengan, la confianza en el boca a boca como forma de acercarse a nuevos públicos, y el interés por crear una comunidad cultural impulsada por sus artistas y consumidores.
«Más allá del tema de lucrarse, yo siento que algo hermoso que define al Retromarket es el networking. La gente va con muy buena vibra y los artistas no se angustian por vender lo suficiente para pagar el stand. No se trata de llenarse los bolsillos con plata, yo no lo percibo así. Ana y Mutti quieren crear una escena, una comunidad».
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Asistir a Retromarket implica suspender lo cotidiano. Por las horas que dure, en el lugar donde se dé, el evento ofrece una ventana hacia otras maneras de comerciar, crear y de existir. Se presenta como un mercado de segunda mano y exposición artística para luego derivar en un espacio cultural en plena ebullición, un sitio de libertad y reunión, un respiro frente a las obligaciones de los días.
Cada edición es una puerta de entrada al circuito alternativo de Caracas y lo que nos ofrece entre talentos emergentes y su necesidad por expresarse y crear con lo que esté a la mano. Sin importar la locación, Retromarket mantiene su esencia y propósito de ser un punto donde las propuestas independientes y un público curioso se puedan encontrar. La entrada es libre, el arte también.
