Los eternos y El lobo estepario

Los eternos y El lobo estepario

La idea del retorno perpetuo y su universalidad, más allá de la filosofía de Nietzsche. Contrario a las afirmaciones en la novela de Hesse, ser uno de los inmortales no es exclusivo de quienes poseen una dimensión extra. La vida se concibe como finita, fugaz, mientras que la verdadera eternidad radica paradójicamente en la muerte

Por Arturo Guillén

“En lo eterno no hay futuro, no hay más que presente”. 

Armanda, El lobo estepario

Si bien Nietzsche popularizó el eterno retorno, de ese castigo, si acaso divino, si acaso filosófico, que nos condena a un ciclo sin fin, no es un pensamiento exclusivo de él. De vuelta al sufrimiento, de vuelta al sempiterno sentimiento de ahogo y nihilismo. No todo es bello, y si hay algo bello y feliz, es tan efímero como la vida biológica lo es desde el prisma del universo y su amplitud. No, no es exclusivo de Nietzsche, ni de nadie. Es, en esencia, una idea universal.

Pensamos en la vida como podemos pensar en un día que acaba, una noche que vuelve y otro día que renace. Es un retorno de climas, de sensaciones, de rutinas preestablecidas. Asimismo lo pensamos, desde un punto de vista macro, en la historia de la humanidad. Un eterno retorno de conflictos, de regímenes, del poder y su continua transformación. Desde la linealidad histórica hegeliana, con sus negaciones perennes, el materialismo histórico y su profecía del fin del capitalismo y sus contradicciones, hasta la posmodernidad y la caída de los grandes relatos para darle paso a su contraparte: los pequeños. Cada uno de esos pensamientos, de esas interpretaciones de la historia, se nos presentan con el talante de un retorno, de una vuelta. En fin, de lo inevitable.

Entretanto, nosotros, seamos lo que seamos, practiquemos lo que practiquemos, somos los eternos. Se sea un lobo estepario como describiera Herman Hesse en su novela o no se sea uno. Al contrario de lo que le afirmaba Armanda a Harry en ese esclarecedor diálogo entre ambos, en el que ella aseguraba que los eternos eran solo los que poseían una dimensión extra, es decir, un puñado de dotes que sólo ellos podrían ofrecer a la humanidad ciega, sorda y obtusa, no es, como lo del eterno retorno no es para Nietzsche, exclusivo de los lobos de la estepa.

La vida es finita, tan sólo una proyección de un cortometraje de veinte minutos, como lo expuso magistralmente Milan Kundera en La Ignorancia. Nuestra vida se proyecta en la pantalla mental que poseemos todos nosotros en tan sólo quince o veinte minutos, si unimos todas las secuencias que generan nuestros recuerdos. Por tanto, lo eterno no está en la vida. Entonces, ¿dónde yace lo eterno? ¿Dónde nace cual raíz que se afianza en la tierra y luego deslumbra con su brote? En la muerte. Aunque pueda leerse paradójico, una dialéctica entre el fin de la vida y la vida misma, que se antoja perecedera. Así no sólo lo afirma Harry y Armanda en ese diálogo, sino también se asevera fuera de aquel libro y sus letras.

En efecto, en lo eterno no se halla un futuro o un pasado, sino, como en el epígrafe se asegura, un presente. Un ahora, un continuo presente simple en el que se dice: está muerto, está extinto, está, está… está. No sé emplea en estos casos el «estaba muerto, porque, de repente, como en la resurrección cristiana, se levantó de su sepulcro». O si acaso imaginarse, como Jurassic Park, que los dinosaurios volvieron a la vida y dejaron su presente extinto, para pasar a un pasado: «ex-extintos».

Por tanto, en la vida hallamos lo finito, lo efímero, y en la muerte, después de esa siembra que significó la vida y sus experiencias, nos encontramos con lo eterno. No es la fama que alguien pueda granjearse en su corta o «larga» existencia, fuera por ser un gran artista o un genocida. No se trata de esas superficialidades que todos nosotros albergamos. Al contrario, valdría más hacerse estas preguntas: ¿Un paraíso celestial como lo profesan algunas religiones? ¿En un renacimiento que termina por ser la eternidad de un retorno? ¿La oscuridad absoluta y, por tanto, la eterna ausencia de la luz? Sin importar cualesquiera de esas posibilidades, lo real, lo verdaderamente innegable es y será: lo eterno.

Los eternos y El lobo estepario

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