A diferencia de los géneros que buscan organizar y sistematizar el conocimiento, la ficción permite explorar el campo de la complejidad humana sin intentar resolverla. Entender la narrativa como una forma de sublimación ética y expresión estética es reconocer su papel fundamental en la formación de la identidad y el aprendizaje de la experiencia psicológica individual
Por Fernando Villamizar
No es infrecuente ver, en cualquiera de los diversos ámbitos de la producción cultural, que los más cultivados representantes del arte, al momento de tener que responder sobre la función social, política y sociológica de la literatura —pensando siempre en la ficción—, se vean rebasados por la candencia del tema, apurando la conclusión de que es totalmente inservible. «Si a ver bien vamos, la poesía, la dramaturgia o la narrativa son tan inútiles como la geografía o el álgebra», dice Cabrujas; «la literatura es una forma de arte y, por ello, es inútil por definición», tercia Pedro Ugarte. En el mejor de los casos, la literatura recibe la compasión de tiernas caricias poéticas, a menudo empleando el recurso cursi del enriquecimiento personal, la mejora de la salud del espíritu o, en el peor de los casos, las bondades del entretenimiento.
Si la literatura tuviera por principal función la de entretener, igual valdría leer Harry Potter que Pedro Páramo, o Divergente que 1984, o Narnia que Cien años de soledad. Sabemos que existe «buena» literatura y «mala» literatura, y al margen del pudor que puede provocarnos la soberbia de ponderar una u otra, cualquier lector del mundo tiene esta certidumbre. Sin embargo, las posibilidades de información que ofrece el horizonte literario son, ciertamente, inferiores a las que puede brindar un archivo histórico, un ensayo o una monografía detallada. Quien lee, no lo hace esperando documentarse concisamente sobre un tema.
Así las cosas, lo que queda por explicar es qué papel hay, dado que otros géneros ya ocupan claramente el suyo, para la literatura de ficción. ¿Qué gaveta de la experiencia humana abre la literatura, merced de no poder hacerlo un ensayo, una crítica o una monografía? Eso concediendo que estos otros géneros, también habitantes de las letras, tienen una función social arraigada en los currículums educativos de todos los países, reservándose la literatura al objetivo de que los jóvenes sepan comunicarse en lengua escrita. Bien sea por presión social o por falta de ideas, resulta previsible que, más allá de eso, la opinión general concurrirá en la estimación de la literatura como algo innecesario.
Sin embargo, la literatura de ficción sí puede penetrar en una región humana exclusivamente suya, consiguiendo con ello comprender, o al menos intentar comprender, elementos de la realidad que son inaccesibles en otras disciplinas del pensamiento. Tanto en los currículums educativos —pasando por los históricos hasta los matemáticos— hasta en los planes y propuestas políticas, pasando por los géneros escritos que categorizan la realidad, el propósito es la sistematización. Esquematizando y organizando ideas se tabulan los contenidos, haciéndolos objetivamente comprensibles y universalmente aplicables. Y este mismo fenómeno se precisa para la ejecución de un ensayo, una crítica, una reseña, una monografía o una obra filosófica. Pero esto no sucede en la ficción.
La ficción es el único género artístico que, haciendo uso de las letras, permite explorar el campo de la subjetividad humana. Y aunque esto parezca algo sencillo, se torna difícil por cuanto el ser humano, en sus relaciones sociales, políticas y culturales no funciona, salvo en pocas excepciones —y sin distingo del nivel de instrucción de la persona—, bajo la articulada sistematicidad de un ensayo; por el contrario, la tendencia general del ser humano es a habitar contradicciones, pasiones, emociones, miedos, admiraciones, etcétera. El propósito de los demás espacios, por el contrario, es superar los escollos que tales condiciones nos imponen para lograr una sociedad funcional, con normas, conocimientos y principios colectivamente compartidos.
Frente a esta expectativa, la literatura de ficción aparece como una forma, a veces de sublimación ética y a veces de expresión estética, de reflejar características humanas tendencialmente dejadas de lado en casi todos los ámbitos sociales. La exploración de la subjetividad no es menos relevante que cualquier otra disciplina humanista, dado que en ella conviven dos hechos de suma importancia: la conexión de las producciones literarias con la historia de la cultura, de gran relieve para la formación de la identidad colectiva e individual, y el aprendizaje individual acerca de la experiencia psicológica, emocional y personal del ser humano.
