Francisco Massiani

Feliz cumple a mi abuelo Pancho

Una carta abierta que recorre los recuerdos de infancia, las paredes llenas de cuadros y la influencia ineludible de Francisco Massiani. Una reflexión sobre la presencia eterna del abuelo en los objetos cotidianos, su obra literaria y la disciplina de un artista que nunca dejó de crear

Por Alejandra Guzmán Massiani

El 2 de abril celebramos tu cumpleaños. Estarías cumpliendo 82. Amanecimos con muchos mensajes por el grupo de los “Massiani”. Mi tía Cori mandó fotos y una de tus frases famosas. ¿Sabes cuál es? Claro que la conoces, es esa de que “hay que apostar a la felicidad”. Deberían enseñar eso en los colegios.

Recuerdo la primera vez que leí esa frase en alguna entrevista que vi en internet. Es raro ver tantas cosas tuyas en Google. Verte en cada esquina de mi casa es mucho más normal. Tenemos… 1, 2, 3, 4, 5… más de 10 o 15 cuadros colgados en nuestras paredes y quién sabe cuántos guardados —te confieso que el del comedor, el más grande de todos, no es tuyo. Disculpa, lo puse yo y a mi mamá le gustó—. Y claro, una biblioteca entera dedicada a tus libros.

Un día en pandemia me di a la tarea de leer tu obra. No me la terminé, no te voy a mentir, pero sí me leí la mayor parte en una sola semana o dos —capaz más; el tiempo en la pandemia se movía distinto—. Me faltó Corsarios (2011) y Los tres mandamientos de Misterdog Fonegal (1976). El primero no lo leí porque son poemas y, por alguna razón, me dio fastidio, es la verdad. Y el otro lo tengo que leer; aparte, es cortico.

Buscando los libros que me faltaban por leer en la biblioteca, encontré uno de tu papá, mi bisabuelo Felipe Massiani. El libro se llama Dinamarca solamente una pensión (1973). ¡Qué locura! No sabía que lo teníamos, necesito leérmelo. Y debo ir a tu casa a buscar el resto de los libros de tu papá; seguro están en tu biblioteca. Me encanta ir para allá a curiosear y ver qué encuentro. Yo te di un dibujo que sé que debes tener por ahí, aunque no lo he encontrado. ¿Lo recuerdas? Solo tú lo entendiste apenas lo viste. Era un atardecer en la playa.

Eso me recordó a Piedra de mar (1968), tu “obra maestra”, según dicen. Me la leí como a los 14 o 15 porque tenía prohibido leerla hasta entonces. Es que, para los demás, es una novela de amor; para mí, es la novela de amor que hizo mi abuelo inspirado en mi abuela. Y ahí la cosa se pone medio turbia. Sin embargo, me gustó. Me gustó mucho.

Me gustó más ese día en tu sala cuando mi papá comenzó a preguntarse sobre los personajes de Piedra de mar (1968) en la vida real. Básicamente, la mayoría eran amigos tuyos reales o la mezcla de algunos. “Kika” nunca me cayó bien. No sé si existió, pero nada que ver con ella. “Carolina” le daba tres patadas y todos lo sabemos.

Esa tarde, mientras le contestabas a mi papá y nos contabas la verdad detrás de la novela, pintaste un cuadro que nunca se me va a olvidar. Hay una foto en donde te lo estoy sosteniendo. Eran simplemente unas figuras geométricas con distintos colores. Me pediste que te pasara el rojo y te di un anaranjado oscuro; no sé cómo me atreví a cometer esa aberración. Al final sí encontraste el rojo y desde ese día todo lo que pinto lleva algo de ese color. Realmente, todo lo que hago lleva algo de ti.

Otro día pintamos en tu casa un lienzo gigante. Ese sí está en la casa. Nos pasabas los pinceles a mis hermanas y a mí para que te los limpiáramos. Quedamos llenas de pintura porque solo los lanzabas hacia atrás, sin ver si los habíamos sostenido. Sin querer, alguna pincelada te hizo hacer un trazo que no tenías planeado. Al principio seguro dijiste alguna grosería, pero luego lo viste bien y te gustó cómo quedó esa pincelada lila. Es mi parte favorita del cuadro.

He escrito bastante, ¿sabes? No todos los días como me lo pediste, pero sí he hecho algunas cositas. Y mi mamá también; te encantarían sus cuentos. Tenemos que ponernos a editar y sacar todo el material que nos dejaste. Es mucho. Tú sí cumpliste con la promesa de escribir algo todos los días, y de pintar también. Nunca dejaste de trabajar. Jamás. Hiciste demasiado. Todo en tu sala, con colores, pasteles, una máquina de escribir, un partido en la TV y muchos, muchos papeles. Demasiados papeles porque trabajabas una idea hasta que quedara a tu nivel, que debo decir que es un nivel bien alto.

Feliz cumpleaños, Abuelo Pancho. Siempre encantada de conversar contigo. Disfruta con Jan Jan, Belén y Penagos; acá te cuidamos a Cori y Felipe. Te mandamos la bendición hasta el cielo.

Francisco Massiani
Hermana, nietas e hija, el día de la entrega del Premio Nacional de Literatura (2011-2012)
Pancho con sus hermanas, sobrinas, hija, nietas y yerno en Nueva York (2015), celebrando un premio al documental de Manuel Guzmán Kizer sobre su vida Francisco Massiani: Breve y arbitraria historia de mi vida
Francisco Massiani

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