La obra disecciona la neurosis de pareja a través de un conflicto que estalla cuando una confesión del pasado de fractura la estabilidad de una pareja a punto de casarse. A pesar de las actuaciones, el guion tiende a ser demasiado explicativo y apresurado hacia el final, cerrando de forma ordenada una trama que prometía un caos más profundo
Por Isabella Mendoza
Kristoffer Borgli parece haber encontrado en el catálogo de A24 el ecosistema perfecto para seguir diseccionando la neurosis moderna, una colaboración que comenzó con Dream Scenario (2023) y que ahora se consolida con The Drama. Si en su anterior trabajo junto a la productora utilizó a Nicolas Cage para materializar la ansiedad del reconocimiento y la fama involuntaria, aquí el director noruego aterriza sus obsesiones en un terreno más cotidiano: la pareja.
Bajo la apariencia de una comedia romántica la película oculta un mecanismo de tensión que estalla en una cena común cuando un simple juego de confesiones sobre pecados del pasado termina con la armonía de la pareja protagonista y sus amigos. Al revelar su secreto más oscuro Emma (Zendaya) fractura la confianza de su prometido Charlie (Robert Pattinson) apenas unos días antes de la boda y transforma lo que debería ser una celebración en una crisis de identidad.
Es fascinante cómo, a pesar del caos y la incomodidad, la película sí logra convencernos de que estamos ante una verdadera pareja enamorada, incluso cuando el conflicto los intenta separar. Robert Pattinson, en el papel de Charlie, brilla al retratar una cobardía microscópica a través de su lenguaje corporal, especialmente en escenas como la de la sesión de fotos, mientras que Zendaya sorprende con una evolución que se siente real a pesar de los juicios externos, personificados en una mordaz Alana Haim.

Sin embargo, a The Drama parece faltarle un último impulso para alcanzar la trascendencia; una chispa que se va apagando conforme avanza hacia un final que se percibe demasiado apresurado. Incluso, la resolución se siente extrañamente ordenada para una trama que promete caos, como si el guion buscara cerrar cabos sueltos con demasiada limpieza en lugar de dejar que la crisis respire. El guion, también de Borgli, termina siendo bastante explicativo, con diálogos que subrayan las intenciones de los personajes en lugar de permitir que el subtexto trabaje; esta falta de profundidad en el trasfondo de los protagonistas impide que se presente el peso emocional que el clímax requiere, dejando la sensación de que la película se detiene justo antes de volverse verdaderamente escandalosa.
Al final, aunque esa misma frialdad y su estructura algo superficial en los momentos clave nos dejan con la sensación de que algo en su interior ha quedado incompleto, Borgli demuestra ser un director con un estilo visual impecable y un gran manejo del humor incómodo. En esta ocasión, el ejercicio intelectual parece devorar parte de la humanidad de la historia; no obstante, The Drama sigue siendo una pieza disfrutable y perfecta para generar debates interminables después de la función.

