Rodrigo Gonsalves: “Como venezolanos tenemos mucho blues para hablar”

 

Texto de Humberto Sánchez Amaya (@HumbertoSanchez) publicado previamente en El Nacional

Days of Exile es el comienzo desde cero de Viniloversus, un trabajo que representa un cambio drástico en aspectos tan primordiales como el idioma. Ya no cantan en español y musicalmente se nota un sonido más sosegado, que remite a sentimientos más densos por momentos, esperanzadores en otros.

Sin duda, se trata de un trabajo de unos músicos que atraviesan un momento cambiante en muchos aspectos. Ahora no solo viven en Miami, centro de operaciones de la agrupación, sino también, por ejemplo, Rodrigo Gonsalves, el cantante y guitarrista, se convirtió recientemente en padre.

“Mentalizamos que el cambio iba a generar controversia, que no sería fácil entender. Tenemos claro que nuestro foco es a largo plazo, establecer un camino que va más allá del hecho de publicar un álbum. Nos hemos tragado esa píldora de entender que debemos comenzar de nuevo. No creo en los atajos. Elegimos por eso el camino largo, lo que hace la aventura más emocionante”, indica el vocalista de la banda, integrada también por Adrián Salas (bajo), Alberto Duhau (guitarra), Juan Víctor Belisario (bajo y teclados) y Orlando “Mangan” Martínez (batería).

Carlos Imperatori y Rudy Pagliuca estuvieron a cargo de la producción musical de Days of Exile, publicado el 26 de mayo y que se puede escuchar en la página oficial de Viniloversus.

—¿Qué ha sido lo más difícil de comenzar en otro país?

—Venimos de un mercado que trabajamos durante más de 10 años. Ahora se tienen que encontrar las llaves para abrir nuevas puertas. Se trata de hacer shows que tal vez no estén tan llenos como los que hacíamos antes, pero en lugares en los que posiblemente ninguna banda venezolana había podido integrarse. En el caso de Weston Beach nos va muy bien porque hay una importante audiencia latinoamericana. Con el público estadounidense aún no existe conexión y crear esos puentes es lo interesante. Sorprende que aparezcamos acá como una agrupación que está comenzando, pero que en realidad tiene una década bajo el brazo. Además, este disco es un tributo al blues. En este momento también estamos empezando a sacar versiones de Robert Johnson para darle esa esencia a las presentaciones. La idea es equilibrar la parte en español con la de inglés.

—Habla de llaves para abrir puertas. Obviamente cantar en inglés es una de ellas. ¿Lo del blues fue parte de un proceso consciente en este objetivo?

—Hay un poco de todo. Cuando escuchas nuestros anteriores discos, el formato es bastante sencillo, se basa mucho en la escala del blues, especialmente el primero y el segundo. En este nuevo álbum hay una exploración fuera de eso con lo electrónico, pero también una mucho más profunda dentro del blues, como se constata en “Boss Don’t Fire Me” y otros que evocan el dolor de ese género. Actualmente, como venezolanos, tenemos mucho blues para hablar. Es un estilo que tiene mucho que ver con el sufrimiento, así que tenemos bastante materia para cantar y expresarnos. “Broken Cities” habla del verdadero sur. Se dice que el blues viene del sur y nosotros venimos de un lugar que está mucho más al sur, donde las cosas están más difíciles. Es darle perspectiva a este nuevo público para que entiendan de dónde venimos, que no todo es reguetón y tropical. Que expandan su mente y crear una nueva conciencia sobre lo que también es el latinoamericano.

—¿Es el disco de Viniloversus con mayor influencia de ese sufrimiento?

—Tiene mucho contenido también de felicidad y la experiencia del emigrante. Hemos tratado de imprimir toda la nostalgia que conlleva mudarse. Es una gran exploración cambiar el idioma y preservar nuestra esencia como venezolanos, además de rendir un tributo al idioma en el que el rock nació. Los temas en inglés lograron además melodías vocales que tal vez no hubieran existido en español.

—Hay un evidente sonido también de los ochenta. Ustedes nacieron en esa década. ¿Es una forma de reivindicar esa época en la que se formaron?

—Sí, rendir tributo a la mejor música de los sesenta, setenta, ochenta y noventa, por más ambicioso que suene. Esas canciones que perduran en el tiempo y se hacen indelebles. Son las composiciones que queremos lograr, un cocktail de todo lo que hemos escuchado.

—¿Ha habido alguna situación difícil que los haya hecho arrepentirse de haber emigrado?

—Creo que nunca nos ha pasado por la cabeza. No nos gusta mirar atrás porque no lleva a nada. Nos llama la atención la posición más arriesgada con la recompensa más grande. Tal vez lo único de lo que me arrepentiría es de sentir que fue la situación del país la que obligó a la banda a buscar la internacionalización. A veces me pregunto si con una Venezuela estable hubiera seguido viviendo allá y trabajar por estos objetivos desde mi país. Me duele no estar en casa y como padre de familia que mi hijo no pueda crecer allá. Nos gustaría estar en Estados Unidos, echándole pichón, sin que Venezuela esté en llamas. Ese no es el caso y lo sentimos. Por eso buscamos poner nuestro grano de arena como podamos. Tratamos de ser la mejor banda posible y buscar la proyección de venezolanos trabajadores en el mundo. Al final, somos músicos y no políticos.

—Forma parte de una generación que causó el resurgimiento del rock en Venezuela hace 10 años. ¿Ha sentido la responsabilidad de tener que darle continuidad y dejar un legado?

—Sí. Las carreras musicales suelen ser orgánicas. Nos iba bien, ganamos el Festival Nuevas Bandas. De pronto, eso que llevaba en paralelo, la música, me haló por completo. Ahora, con cuatro discos con Viniloversus y uno en solitario, hay una búsqueda de crear esa mitología, de aportar repertorio. La idea es apoyar lo que venga. Me gustaría ser productor y apoyar a otras agrupaciones, una forma de darle a otros la oportunidad que le brindaron a uno artistas que tienen igual o más talento, sin guardar ningún tipo de rencores. Así se abre ese gran chorro de cultura venezolana. Una vez que eso sucede, uno quiere hacer la mayor cantidad de temas posibles y seguir el paso de los grandes, como el maestro Simón Díaz, que hizo que la música venezolana sonara en todo el mundo. Esa es la meta que todos nosotros tenemos. En mi oficina (Point Media Label) tengo una foto de él como si fuera Jesucristo, para recordar siempre que sí se puede proyectar al venezolano que queremos, ahora más que nunca, cuando nuestro nombre está tan manchado.

—¿Tienen planes de tocar en Venezuela?

—Viajé con el plan de bautizar a mi hijo y sacarle el pasaporte. Coordiné un show con mi proyecto en solitario y con Luis Irán, pero se tuvo que suspender porque empezaron las protestas y todas estas cosas lógicas que tenían que pasar. La prioridad ahora es la situación del país.

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