El día que Supertramp revivió en Caracas

Un tributo fue la oportunidad para reavivar la memoria de los seguidores de uno de los grupos musicales que sorprendió en los años 70. La puesta en escena asombró por los arreglos y la interpretación de 14 músicos nacidos en su mayoría en las décadas de los años 80 y 90, una evidencia de que hay canciones que permanecen en el subconsciente colectivo de distintas generaciones

Yubelitze Angarita Borges @Yubelitze

Comienzo con una confesión: Supertramp no era una de mis bandas favoritas. 

Mi primer encuentro fue de niña cuando curioseaba entre los discos de vinilo de mi hermano y encontré la emblemática portada del disco Breakfast in America.

En la universidad sí me engancharía con los temas que rotaban en emisoras de radio o en los programas de Alfredo Escalante, Ivan Loscher y Polo Troconis. Probablemente, también disfruté canciones famosas en algún tributo de rock sinfónico.

Las dos veces que Roger Hodgson se presentó en Caracas en 2009 y 2010 no asistí. Ahora lo lamento.

Así que al recibir la invitación de la empresa productora Plástica Music para escuchar el tributo a Supertramp en Caracas, el 3 de octubre en el teatro Santa Rosa de Lima fui más por la curiosidad de saber cómo sería versionar a los multinstrumentistas británicos. 

Me parecía un reto imitar la versatilidad del grupo de rock progresivo que sorprendió en la década de los años 70, por la combinación de una peculiar sonoridad en sus arreglos con saxofón y el sonido distintivo del piano Wurlitzer, combinado con el timbre de voz de Roger junto a la armonía de Rick Davies.  

De allí se entiende que hicieran falta más de 5 músicos venezolanos para reproducir las singulares composiciones. Eso lo comprendí cuando vi la primera selección de primera que hiciera el productor del show, Gonzalo Velasco, para interpretar un tributo que claramente lucía exigente.

Raymond Mariño estuvo a cargo de la dirección musical y también del bajo, voz y coros. Los arreglos de cuerdas fueron ejecutados por Aquiles Hernández (primer violín), Loreni Curiel (segundo violín), Ivonne Carmona (cello) y Alexander Reyes (en la viola). Santiago González fue el responsable del saxofón y el clarinete. En las voces estuvieron Carlos Linares (voz principal) Génesis Rodríguez (coros) y Adriana Treccia (coros). En las teclas “Luiser” – Luis Ernesto Serrano (piano, voz y coros) y Miguel Quintero (sintetizadores). Las guitarras sonaron con Luis Gerardo Moreno y Juan David Artal (también en la armónica); y en la batería estuvo José Gregorio Marcano.

Un paseo por la nostalgia y la buena música

Para los fans de Supertramp las esperanzas de volver a ver a la banda original son mínimas, por no decir nulas luego de que Roger se hizo a un lado en 1983. Los dos cabecillas y cofundadores no han mostrado señal alguna de tener la intención de dialogar para reagruparse, aunque fuese por intereses económicos. 

Como sentenció Hodgson en una entrevista a Julián Ruiz para el diario El Mundo de España: “Jamás, absolutamente imposible. Olvídate. Jamás habrá una reunión. No se puede hablar o razonar con Rick. Es un hombre muy cerrado en sí mismo. Jamás habrá un nuevo disco de Supertramp”. La novela se supera porque se sabe que Roger ha acusado varias veces a Davies de incumplir la palabra e interpretar canciones que son suyas. 

Así que los fans que presenciaron el tributo en Caracas apelaron al consuelo de revivir grandes éxitos y fueron gratamente sorprendidos al encontrarse con una puesta integrada en su mayoría por músicos veinteañeros o en sus treinta que resaltaban por el talento y no haber vivido la época que hizo famosa a la banda. Esa brecha generacional, lejos de distanciar permitió que se brindara una propuesta diferente a la conocida, con hermosos arreglos de cuerdas y las inesperadas interpretaciones de voces femeninas o duelos de guitarra que no estaban en las versiones originales.

El público dio un paseo por la nostalgia y la buena música de temas famosos en 4 discos infaltables: Crime of the Century, Even in the Quietest Moments, Breakfast in América y Famous Last Words. 

“School” abrió el tributo, seguido de “The Logical Song”. La sorpresa aumentó cuando “It’s Raining Again” se escuchó en las voces de las coristas, quienes repetirían con “Give a Little Bit” y “Lord is it Mine”. El entusiasmó creció con “Breakfast in America” y una nota distinta se presentó con el bajista cantando “Crime of the Century” y “Bloody Well Right”.

El público aplaudió de pie con “Hide in Your Shell” interpretada por Carlos y la intensidad de “Rudy”, con Luiser en la voz principal y el piano. No era coincidencia que estos fuesen dos temas de Crime of the Century, el tercer álbum de estudio para el cual hubo una composición prolífica. Ken Scott fue el productor, ingeniero y arquitecto de uno de los álbumes más recordados.

Un paréntesis histórico es que tras el lanzamiento de Crime of the Century en septiembre de 1974, este disco se convirtió en una especie de mesías para el grupo  británico que se salvó de caer en el olvido y saltó a la fama con una nueva formación: John Anthony Helliwell en saxofones, clarinetes, coros y teclados adicionales, Dougie Thompson en el bajo y Bob Siebenberg en la batería y percusión, quienes hicieron la conjunción perfecta con las fuerzas expresivas de Roger en la guitarra, teclados y voz, y Rick en los teclados, armónica y voz.

A las sorpresas del tributo caraqueño se agregaron “Goodbye Stranger” en las voces de Raymond y Luiser más un duelo de guitarras al final que no estaba en la versión original. “Even in the Quietest Moments” también se distinguió con un singular arreglo de cuatro hecho por Carlos.

“Just Another Nervous Wreck” y “Dreamer” se sumaron al repertorio y finalmente el público fue enviado a casa con “Take the Long Way Home”. Como era de esperarse hubo un bis de canciones a petición de los fans que aplaudían de pie.

Me fui con la curiosidad satisfecha. Para mí también fue la apuesta a que distintas generaciones podían entenderse y trabajar responsablemente con calidad, entusiasmo y creatividad conectados a través del lenguaje universal de la música y su magia.

Si son fan de Supertramp, como ahora yo lo soy, no dejen de asistir a una próxima edición de este tributo que esperamos se repita pronto.

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