La obra de teatro se inspira en uno de los momentos claves de la vida política venezolana en la primera mitad del siglo XX
En 2011 las tablas fueron el mundo que recreó un momento clave de la historia de Venezuela: la posible llegada al poder de Diógenes Escalante, un nombre que no figura entre los principales del acontecer como república de la nación. Es difícil recordar si sale o no en aquellos libros de colegio que tanto hablan sobre Simón Bolívar, José Antonio Páez o Antonio José de Sucre.
El infortunio de su destino y la sorpresa de lo ocurrido, además de las razones del declive de su vida política e intelectual, contribuyeron además a su ostracismo en la vida cotidiana, en sociedades donde el que casi lo logra suele estar relegado a otros planos. Titulares temporales para anunciar el descalabro, pero lejos de la posteridad de efemérides o nombres de calles y avenidas.
El dramaturgo y actor Javier Vidal es el responsable de la pieza Diógenes y las camisas voladoras, inspirada en los últimos momentos de aspiraciones políticas del diplomático venezolano.
Protagonizada por Vidal, está ambientada durante los días 2 y 3 de septiembre de 1945. La obra cuenta cómo el aspirante a la Presidencia acaba de llegar al país. Se hospeda en el hotel Ávila de Caracas, donde también lo acompañan su secretario (Jan Vidal-Restifo) y ocasionalmente el joven periodista Ramón J. Velásquez (Theylor Plaza).

En esa habitación, el espectador verá a un recién llegado a la Venezuela de la primera mitad del siglo XX. Han sido muchos los años en el exterior, una dinámica concentrada especialmente en Washington como embajador. En él todos los sectores del país depositan la confianza para suceder a Isaías Medina Angarita. Pero se trastoca el plan cuando Escalante pierde la cordura.
Diógenes es de Queniquea, en Táchira, pero las andanzas en el exterior lo han alejado de los intríngulis políticos de una Venezuela en hervidero. No sabe muy bien quiénes son esas figuras que determinarán el porvenir del país. Nombres como Rómulo Gallegos, Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba o Luis Beltrán Prieto Figueroa no forman parte de su rutina, así como reacciona con extrañeza cuando escucha los nombres de ciudades incipientes o pequeños pueblos de las regiones del país. ¿Y dónde queda eso?.
Por eso decide contratar a Ramón J. Velásquez, para que cada mañana, bien tempranito, le muestre el país desde esa habitación de hotel. Las palabras se vuelven ventana para conocer toda una fauna que se alinea para decidir el futuro.
Javier Vidal logra con el texto la recreación de cómo pudieron ser esos detalles, desde lo más mínimo hasta lo que se conoce. Sabe cómo poner al país en la boca de sus personajes, diálogos que nos describen minuciosamente, en lo político, económico, cultural y social. Una pequeña habitación sirve para que tres hombres repasen y descubran un territorio y sus bemoles.
Dirigida por Julie Restifo, Diógenes y las camisas voladoras vuelve a las tablas para siempre ser pertinente. Porque la historia habla en sus detalles, pues describen una identidad que se desborda en todos los ámbitos del quehacer.

La actuación de Javier Vidal se afianza en una figura que va entre la firmeza de quien toma una decisión, el asombro por lo venidero, y paulatinamente ir dando las muestras de esa locura que repentinamente se vuelve problema de Estado.
Jan Vidal-Restifo resalta por cómo paulatinamente lleva a un personaje que va descubriendo lo inesperado, en una empresa que le va quedando grande. Siempre bienintencionado, reacciona con condescendencia a lo que es inevitable. Mientras, Theylor Plaza dibuja a un joven recto y cabal, un venezolano que apuesta a ese consenso, pero también muestra una figura que desea despuntar en su oficio. Su papel va entre la seguridad de quien conoce el terreno y aquel que genuinamente se va sorprendiendo de la responsabilidad que le otorgan. Los tres respetan y comprenden la naturaleza de las figuras que encarnan, y saben expresarla.
Por su parte, Julie Restifo delinea un entramado complejo, un bosque de caminos intrincados. Muy ordenada la habitación, pero sugiere muy bien en su puesta en escena la complejidad de la situación que se avecina cada minuto. Entre ramas se entrevé el caos.
Diógenes y las camisas voladoras regresó al Trasnocho Cultural para desempolvar un hecho de la historia que invita entre el humor y la reflexión a reconocer los senderos de la nación, personajes que repasan el país desde una habitación para asumir los roles que el momento ameritaba. Luego, el perdón por la imposibilidad de cumplir. La entereza humana por el compromiso y por el reconocimiento de lo que no se puede.

Diógenes y las camisas voladoras
Fotografía: Kike Acuña; Diseño gráfico: Queiroz Publicidad, Deiker Daza; Iluminación: José Manuel Suárez; Director de arte: Fernando Delfino; Comunicaciones: Rafael Barazarte; Asistencia de dirección: San Hernández Malavé; Stage manager: Sergio Malpica; Producción: Douglas Palumbo y Julie Restifo ; Dirección: Julie Restifo
