TDR Ensamble

TDR Ensamble colorea la música de Jorge Torres

La ópera prima del proyecto es el resultado del trabajo que vienen haciendo los estudiantes del Taller de Repertorio Venezolano. En esta oportunidad, lo jóvenes decidieron hacerle un reconocimiento a su mentor: el mandolinista Jorge Torres, cuyas composiciones fueron adaptadas por este grupo de alumnos creativos

Por Mercedes Sanz

Un tambor de Patanemo abre el debut discográfico de TDR Ensamble: Música de Jorge Torres. Se escuchan instrumentos de percusión afrovenezolana, maracas, cuatro, mandolinas, guitarra, bandola llanera, violines y bajo eléctrico. Ya ese formato rompe con el estilo tradicional al ser ejecutado por una línea no convencional. Aunque se respeta el ritmo, sin duda que la melodía tiene otro giro. Y así se oye todo el álbum del proyecto integrado por jóvenes del Taller de Repertorio Venezolano, dictado por Jorge Torres, docente, mandolinista, arreglista y compositor. 

Torres tiene un largo camino en la música venezolana, bien sea como colaborador o protagonista: Kapicúa, Movida Acústica Urbana, Joropo Jam, Pepperland, Tocantao y más proyectos, incluyendo su carrera en solitario. Su enorme versatilidad, búsqueda e infinita capacidad innovadora lo convierten en uno de los músicos más solicitados y uno de los referentes de la música vanguardista actual. A esto se suma su labor educativa en Mi Juguete es Canción, programa del que es también miembro fundador.

“Este taller es un espacio de investigación, para la experimentación sobre la obra de autores venezolanos. El elenco son los jóvenes instrumentistas que tiene Mi Juguete es Canción. Son los chicos más grandes en edad, entre 16, 17 y 23, 24. La idea es montar música completa de compositores venezolanos”, señaló el músico, quien tiene dos años con dicho taller.

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“Siempre quise componer un tambor de Patanemo, pero no me salía. Yo sigo escuchando el disco Selva y lujuria de Saúl Vera, y el tema que lleva ese nombre es un patanemo buenísimo, y ese fue mi regalo para los muchachos”, comentó acerca de la pieza –“Patanemo con TDR”– concebida sólo para esta producción y la única cuyo arreglo fue hecho por el mismo autor.

Todos los temas de la producción son de la autoría de Jorge Torres. Es como si se tratara del homenaje de los estudiantes a su maestro, porque Torres es más que un instructor. Después, viene el merengue caraqueño “La pequeña Ramona”, que pertenece al disco Hing del mandolinista, basado en la versión hecha por Aquiles Báez de un cuento de Charles Dickens. Esta vez, el fagot de Ángel Colorado juega un papel protagónico importante, mientras los otros instrumentos tejen todo ese ambiente melódico si se quiere hasta navideño.

Un espacio para la experimentación

Torres aseguró que el proceso de creación fue bastante orgánico. Ya él tenía previsto hacer un disco con este taller. Y se da porque fue contactado por dos ingenieras de sonido, Jusse Pinto y Mariana Romero, que necesitaban grabar un proyecto con finalidad académica y a ellas les gustó tanto lo que escucharon que contactaron a Jean Sánchez, de Chimarra Records. “De ahí en adelante fue vivir la experiencia de grabar. Muchos de ellos era primera vez que grababan, y fue maravilloso verlos en el estudio”, agregó el músico.

Siete piezas componen Música de Jorge Torres y todas son adaptaciones, excepto el primer tema como antes se mencionó. “Patanemo con TDR”, “Gaita para la luna” y “Palmasola” son los tres estrenos. Cada canción es una vivencia, un mundo sonoro diferente al universo plasmado en los discos anteriores de Torres. La naturalidad en la improvisación es el toque que le da magia a esta producción. 

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Las composiciones muestran paisajes de distintas regiones del país, cuentos o calles de Caracas como El Polvorín, esa zona popular en la avenida Andrés Bello, por donde vive el compositor. En honor a esta zona el músico creó una canción llamada de igual manera, que empieza con un vals y luego toma una dirección inesperada al entrar el violín con el joropo. El bajo, tocado por Alexa Rondón, tiene una función melódica fulgurante. 

“Para este tema Jorge me dijo: ¿qué te parece si haces la melodía? Y yo ¡ah bueno! Me daba un poco de pena porque no estaba acostumbrada a hacer eso, pero no me pareció una mala idea, y Jorge siempre nos incentiva a ir un paso más allá. Me dijo: tú siempre acompañas muy bien, pero también sería bueno que usaras el bajo, que es acompañante, como un instrumento melódico a ver qué sale, y fue un arreglo que quedó genial. Para mí fue un reto”, aseveró Rondón.

La travesía sigue por “Palmasola”, un pasaje llanero en la voz de Miguel Aom. “Se llama así porque es el nombre que le pusieron unos ancestros de Andrea Paola a una vaca, y era como la vaca lechera que tenían allí en Bucaral. Vi la foto de la vaca y me gustó el nombre. En un taller con Henry Martínez uno de los retos era escribir un tema y me imaginé que esta historia podía servir”, explicó Torres en cuanto a la inspiración de esta creación.

“En la cuerda floja” es una de las cartas de presentación del mandolinista y es la estampa que le da título a su segundo trabajo discográfico. El desafío de adaptar la pieza hecha originalmente con mandolina de diez cuerdas a una de ocho estuvo a cargo de Kimberlyn Alvarado. Mientras, el resto de los instrumentos (cuatro, guitarra, maracas y bajo) hacen los suyo.

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Si hay un momento de relax en el disco es cuando comienza “Martina”, una danza cautivadora del disco Hing, grabada con Luis Julio Toro, quien lleva la melodía a través de la flauta, y la mandolina de diez cuerdas acompaña. En esta versión de los talleristas es la mandolina de ocho cuerdas, a cargo de Wretchen Davalillo, la que toma el lugar del instrumento melódico, el acompañamiento lo hace la guitarra de Diego Gutiérrez y la bajista Alexa Rondón talla el manto armónico.

El cierre del álbum lo hicieron las hermanas Constanza y Fernanda Cegarra con su inconfundible armonía vocal en “Gaita para la luna”, una gaita de tambora. “Es una canción que Fernanda y yo hicimos nuestra, que siempre cantamos en nuestro repertorio”, dijo Constanza.

Sin duda que los jóvenes le dieron otra dimensión a la música de Jorge Torres a través de la selección, arreglos y ejecuciones. “Estos muchachos tienen mucho nivel, siempre sorprenden con cosas de mucha calidad”, advirtió Torres.

No se puede dejar pasar la portada muy vintage, con ese aire de elepé al que le han pasado los años, creada por el diseñador gráfico y antropólogo Alejandro Calzadilla. Se ven dibujos o recortes de aves posadas en cuerdas como si se tratase de un collage. Un arte que representa esa libertad sin límite de los protagonistas de La música de Jorge Torres.

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