Un futuro promisorio llamado Parque Central

Un futuro promisorio llamado Parque Central

Como parte del Encuentro Inaugural del Semestre 2026 en la Escuela de Letras de la UCV, el profesor e investigador Vicente Lecuna presentó su más reciente libro, una obra en la que propone una mirada profunda a uno de los complejos urbanísticos más emblemáticos de Latinoamérica, no como un fracaso arquitectónico, sino como un organismo vivo que sobrevive entre la planificación y la informalidad

Por Dalila Itriago

Vicente Lecuna luce contento. Tiene diez días en el país y ya cumplió dos de los deseos que se planteó al volver: visitar a su papá y presentar su nuevo libro en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela.

El viernes 10 de abril, al entrar al aula 201, fue directamente hasta donde estaba su padre, quien esperaba, rodeado de pupitres como cualquier otra persona del público, el inicio del conversatorio sobre su libro A Promising Past. Remodeling Fictions in Parque Central; publicado por la editorial de la Universidad de Pittsburgh en el año 2025.

El profesor Lecuna no tiene más de 60 años; nació en Caracas en el año 1966. Camina con jovialidad, con una especie de frescura y distensión que le permiten acercarse a los presentes de manera cálida. Su sonrisa desvanece, de entrada, cualquier rigurosidad académica. Mas eso no significa que ella no esté allí, sustentando sus investigaciones.

Es egresado de la Escuela de Letras de la UCV, donde fue director entre los años 2008 y 2015. Hizo el Doctorado en Literatura Latinoamericana en la Universidad de Pittsburgh, en 1997. Ha sido profesor visitante en la Universidad de Los Andes y en la Universidad Rice. Fue investigador en el Centro David Rockefeller de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard, así como también en el Centro de Estudios Latinoamericanos y Caribeños de la Universidad de Brown y en la Universidad de Princeton.

Cuando se agudizó la crisis venezolana comenzó a buscar vacantes de empleo en el exterior y así fue como se enteró de la oferta que había para el cargo de director del Departamento de Lenguas Modernas y Literatura en la Universidad John Jay de la ciudad de Nueva York. Se postuló y ganó.

Justamente en el sitio web de esta institución educativa puede leerse que su trabajo abarca una amplia gama de temas, que van desde el populismo y la violencia hasta el diseño urbano y la narrativa contemporánea en América Latina.

Allí se nos informa que Lecuna ha estudiado desde 2015 “las lógicas espaciales de la política urbana, específicamente en la arquitectura de Caracas en la década de 1970, centrándose en las representaciones culturales, literarias y mediáticas de Parque Central”.

Nosotros pudimos escucharlo en vivo, como parte del Encuentro Inaugural del Semestre 2026-01, gracias a la directora de la Escuela de Letras de la UCV, la profesora Florence Montero, quien organizó y moderó la conferencia.

Vicente Lecuna

“Mis objetos de estudio no son bellos en el sentido Kantiano”

El profesor Lecuna comenzó su exposición advirtiendo que, antes de hablar sobre su trabajo, tenía que mencionar a la Escuela de Letras de la UCV, pues ha sido muy importante en su vida:

“A mí, desde siempre, me interesó muchísimo la literatura testimonial. Leía temas que hablaban sobre la lucha armada de los años 60, sobre los sandinistas, sobre lo que pasaba en El Salvador, en Centroamérica. Era una literatura interesada en lo político. Muy alejada de la visión kantiana, que contempla, de algún modo, que la belleza no tiene objetivo ni programa. En ese sentido, mis objetos de estudio no son bellos, son feos; y van orientados hacia la sociología. Es una literatura con sentido práctico”.

Por esto se dedicó a estudiar la literatura testimonial como registro de la vida y de la violencia en América Latina. Foco que sufriría una leve variación cuando se dio cuenta de la tasa de homicidios que se registraba en el país a fines de los años 80 e inicios de los 90: “No era igual a la violencia de la lucha armada, pero igualmente se trataba de cifras monstruosas”.

Posteriormente, la fotografía de Nelson Garrido Caracas sangrante (1993) se apoderó de sus ojos. Constató que esta obra también dejaba testimonio de una violencia que, si bien era abismal, parecía distinta a lo que venía leyendo e investigando.

Ese camino lo condujo a “Nocturno” (2009), cuento de Lucas García París que se desarrolla en el Parque Central de comienzos del siglo veintiuno y trata el tema de la violencia dentro del urbanismo.

Interesado en estudiar este fenómeno social en la narrativa venezolana, particularmente el reciente resurgimiento de una literatura sobre el crimen violento y la fuerza letal del Estado, participó en un congreso de la Asociación de Estudios Latinoamericanos.

Fue allí donde, paradójicamente, decidió abandonar el tema en cuestión, pues tras comentar su ponencia sobre el cuento de García París, el teórico Javier Guerrero le recomendó que ese complejo habitacional en sí, y sus representaciones, ameritaban toda su atención.

Guerrero le sugirió mirar la película Parque Central (1991) de Andrés Agustí; y esto fue apenas el inicio de un corpus de estudio “gigantesco” —como él mismo lo califica—, que se fue incrementando conforme hablaba con otros amigos y colegas y cada uno le comentaba su experiencia en Parque Central.

Lecuna le contó al auditorio que tuvo que dejar muchas cosas de lado, pues cree que se trata de un espacio urbano “sobreimaginado, sobrepensado y sobrefotografiado”.

El portal web Trópico Absoluto publicó el prólogo del libro en español, traducido por el propio autor. Es así como pueden leerse detalles sobre el génesis y la evolución de la investigación que derivó en el texto Un pasado promisorio. Ficciones remodeladoras en Parque Central.

Una oración extraída del sumario de este texto resume la esencia de la obra: es un libro que examina las tensiones del proyecto modernizador venezolano sostenido por la bonanza petrolera y las transformaciones informales que lo desbordaron.

Como sabemos, la construcción de Parque Central comenzó en 1970, cuando se registró una extraordinaria bonanza petrolera, y se detuvo en 1983, tras la crisis de la deuda externa.

Parque Central es la primera y más grande urbanización cerrada en Venezuela, con ocho edificios residenciales de 44 pisos (cada uno con 317 apartamentos) y dos torres de oficinas de 59 pisos.

Vicente Lecuna

Ficciones siniestras

Para este libro, Lecuna estudió folletos, anuncios publicitarios, planos, relatos breves, poemas, cortometrajes, crónicas y fotografías relacionados con el complejo urbanístico.

Textos que, según explicó, “construyen y reconstruyen, o modelan y remodelan, los modos de gestionar el tiempo y el espacio urbano”.

A todos estos materiales él los considera ficciones. A unos los llama “ficciones modeladoras” porque crean una primera impresión de Parque Central. Una idea de la “primera vez” que, como advierte, es en sí misma una ficción, pues alimenta retóricamente el proyecto al imaginarlo como un lugar donde existe un “nuevo modo de vivir” y “nada se parece al pasado”.

Esta es la visión idealizada que cree que el tiempo se puede detener en ese espacio, como una cápsula eterna e higiénica.

Las “ficciones remodeladoras”, por su parte, son los relatos, poemas, filmes, crónicas y fotografías posteriores, que Lecuna entiende como textos que toman algo ya modelado como punto de partida.

Estos textos “re-presentan” o miran por segunda vez. Algo que, como subraya en su prólogo, constituye otra ficción. Esta sería la literatura que a él le parece “gótica”, la cual habla sobre el deterioro de todo el complejo. Una narrativa que denuncia la decadencia del urbanismo y, de algún modo, del país.

En el mencionado prólogo, Lecuna nos explica que las ficciones modeladoras sobre Parque Central buscaban suspender el pasado y su entorno para luego instaurar un futuro encapsulado y radicalmente nuevo.

Posteriormente, las ficciones remodeladoras invierten estas tendencias y restauran el pasado y el entorno.

Esta inversión, este retorno, él logra explicarlo a través del concepto freudiano de lo siniestro, que describe el regreso de algo a la vez familiar y extraño, algo reprimido (en el pasado) que retorna (en el presente).

Según Anneleen Masschelein, citada por Lecuna: “Lo siniestro no se explica únicamente como una transformación afectiva; más bien, lo siniestro revela el proceso de represión, que produce ansiedad, a la inversa, como el retorno de lo reprimido”.

Para otro autor citado por Lecuna, Germán García, lo siniestro traduciría “inquietante extrañeza” como “inquietante familiaridad”, enfatizando que lo que verdaderamente perturba en lo siniestro es la familiaridad.

Desde robos y asesinatos hasta insectos y anacondas, las ficciones remodeladoras utilizan una amplia variedad de formas y temas textuales para comunicar que algo que pudo haberse reprimido por las ficciones modeladoras estaría de regreso en Parque Central.

Para realizar esta investigación, Lecuna analizó los cuentos “El ascensor” de Mercedes Franco (2015) y “Nocturno” (2009) de Lucas García París, como ya lo mencionamos, así como la serie de fotografías Central Parking (2009) de Ángela Bonadies.

Estudió también la representación en Caracas de la Florence Foster Jenkins Opera Company, presente en el cuento “Central” (1980) de José Balza. De allí que observe un cambio en las nociones hegemónicas de una modernidad blanca, masculina y heterosexual.

Exploró la “humanización” presente en algunas ficciones modeladoras de Parque Central, así como la posterior animalización y botanización del complejo en sus ficciones remodeladoras. Para esto leyó los cuentos “Invertebrados” (1995) de José Luis Palacios, “Intrusos” (2015) de Fedosy Santaella, y la crónica “Una anaconda en Parque Central” (1998) de Rafael Arráiz Lucca junto a folletos publicitarios del complejo.

“Sostengo que las categorías de humano y animal se asimilan respectivamente a lo masculino y lo femenino, a hombres y mujeres, a la clase media y la clase baja, y a personas blancas y personas racializadas. Como resultado, aunque las ficciones remodeladoras deconstruyen las ficciones modeladoras, también repiten su sexismo, clasismo y racismo”, advierte Lecuna en el prólogo.

Edificios simbólicos

El libro, como lo señaló la profesora Florence Montero, compara a Parque Central con otra edificación emblemática: el centro comercial El Helicoide, cuya construcción comenzó a mediados de los años cincuenta.

Durante su intervención, el profesor se preguntó por esa especie de metamorfosis que registraron ambos proyectos y por la predilección del venezolano hacia aquellos espacios asociados inexorablemente al consumo y los servicios.

Tanto el profesor Lecuna como la profesora Montero comentaron que la higiene era otro de los ideales de la modernidad, pues arquitectos como Le Corbusier apreciaban la arquitectura del siglo XIX como insalubre.

De este modo, el sol, la luz, la ventilación, el ejercicio, las terrazas, la higiene y la blancura se ofrecían como medios para prevenir, si no curar, la tuberculosis.

Esta tesis, sostenida por Beatriz Colomina, explica que la prevención y el tratamiento de la enfermedad, así como las tecnologías para diagnosticarla, dieron forma a la arquitectura moderna desde sus inicios y le otorgaron un carácter hospitalario.

Con esto presente, Lecuna analizó seis cortometrajes sobre Parque Central: Un nuevo modo de vivir (1974), de Eduardo Alvarado; El afinque de Marín (1979), de Jacobo Penzo; T.V.O. (1981), de Carlos Castillo; Katuche (2007), de Andrea Ríos; Parque Central (1991), de Andrés Agustí; y Un nuevo modo de vivir donde nada se parece al pasado (1974), de Josefina Acevedo.

De aquí surgieron las nociones de “ficciones hospitalarias y ficciones inhospitalarias” que para Lecuna corresponden, en principio, a las ficciones modeladoras y remodeladoras:

“Las ficciones hospitalarias representan el cuerpo del habitante, trabajador o visitante de Parque Central como el de un paciente que debe ser curado de un pasado indeseable y protegido de un entorno insalubre. Las ficciones inhospitalarias, por el contrario, asustan a los pacientes, interrumpen el tratamiento, impiden la curación, rompen la cuarentena y generan tormento al perseguir, encarcelar y confrontar el cuerpo con desiertos, abismos, terror, locura e inestabilidad”.

Vicente Lecuna

¿Fracaso o mutación tropical?

En el aula 201 se empezaron a mezclar las voces. Los asistentes quisieron intervenir. Un hombre cuyo nombre no recuerdo dijo que habría que pensar si parte del deterioro actual del complejo urbanístico se debe a que la ocupación de las torres está hecha, en su mayoría, por oficinas y dependencias gubernamentales.

La profesora Chumaceiro tuvo una interpretación más desoladora sobre Parque Central. Cree que se idealizó el concepto y la noción de ciudadano y que esto es parte del fracaso, la frustración y la mentira que hoy embarga a nuestra sociedad.

Seríamos el resultado de un pasado rural que no se logró trascender en medio de un espacio urbano que nos es ajeno.

Recuerdo ahora la conversación del licenciado Sandoval con su amigo cantinero Soler, tras haber presenciado dos asesinatos en Parque Central; hecho ficticio que ocurre en “Nocturno”, el relato de García París.

—Hice como la vecina. Subí corriendo. Ni me volteé. No sé qué me friqueó más, si ver a la doña del pasamontaña con el tipo muerto o la idea de que de verdad me estaba volviendo loco y aquello no era más que una alucinación, un delirium tremens. ¡Un desastre, Soler, un desastre! Llegué al apartamento y me metí todos los lexotaniles que quedaban en la caja. Y ni así me pude dormir. Me pasé toda la noche sentado en una esquina del apartamento, armado con el cuchillo de cortar pan. Asustado de cualquier ruido. Casi me da un infarto cuando se activó el condensador de la nevera, mi hermano. Al día siguiente llamé al trabajo y les dije que estaba enfermo, que me había dado un dengue. Me pasé el día encerrado, comiendo latas de atún y galleticas de soda, con diarrea, temblando. Cerré las ventanas y me moví por el apartamento armado con el cuchillo, paranoico de bolas, esperando un ataque de malandros de ventana y basquetbolistas violadores. Cada vez que escuchaba pasos en el corredor me escondía en la cama o me aprestaba en el marco de la puerta. Salí al otro día nomás porque ya no tenía comida y tenía que conseguir unas pepas para ver si dormía algo.

—Pero ¿no llamó a la policía, licenciado? ¿No encontraron nada en la escalera?

—¿Qué policía, Soler? ¿No me estás escuchando? ¡Pasó lo mismo que con lo de la gavera! ¡Nadie sabía nada, como si no hubiese pasado!

Le pregunto al profesor Lecuna si cree que el deterioro y la violencia de Parque Central sea consecuencia de la crisis económica. Me sorprende su serenidad al responder:

“Fracaso es una palabra muy grande. Yo pienso que no es un fracaso. Para nada. Creo que desde el comienzo hubo cierta informalidad en ese proyecto al imaginar que una cápsula en el tiempo y en el espacio pudiera tener sentido. Las cápsulas no tienen sentido. Siempre son, al final, perforadas por su entorno, por el pasado, por el tiempo. Más que fracaso, se trataría más bien de un fenómeno que desde su origen tuvo una capacidad plástica que le permitió sobrevivir en medio del deterioro”.

La propuesta de Lecuna contempla que tanto las ficciones modeladoras como las remodeladoras revelan una “modernidad informal” que combina intervenciones urbanas planificadas y no planificadas, además de romper con la dicotomía formal/informal, tradicionalmente aplicada a las ciudades latinoamericanas.

Es por esto que él insiste en señalar que las ficciones que estudió abarcan mucho más que un edificio y se caracterizan por la sustitución o el desplazamiento de un relato por otro:

“Una burbuja o un capullo no es simplemente una fachada; existe. Sus ficciones envuelven, cautivan, protegen y cobijan cuerpos. Y todo lo que queda fuera de la burbuja también existe. No desaparece, sino que sigue un camino paralelo invisible o “invisibilizado” por la modernidad que se niega a verlo, que “aparta la atención de un objetivo amenazante”. Ese objeto, luego, regresa y revienta la burbuja”.

El libro, concluye Lecuna, aborda el proceso de modelación de Parque Central, el cual, desde la perspectiva de este presente, luce auspicioso y lleno de promesas. Se trata de una Caracas que “pudo haber sido” en ese “pasado prometedor”:

“Sin embargo, en esas promesas de un futuro mejor, articuladas en la década de 1970, estaban todos los elementos que llevaron a su deterioro y a su eventual e incesante remodelación”.

La conferencia terminó y el profesor invitó a los presentes a compartir un rato más en el aula 201. Luego me comentaría que es justamente esta cercanía tan nuestra, tan ucevista, la que extraña en sus clases en Nueva York.

El aula se llenó de risas, alegría y abrazos. Parecía una fiesta. El papá del profesor también estaba contento. Es médico y, hablando así, informalmente, me dijo que esa reunión tan espontánea también era salud.

Al rato llegó la profesora Diajanida Hernández y Edmundo Fonseca. Ambos abrazaron a Lecuna con tanto cariño y emoción que parecían familia.

Vuelvo a recordar al personaje de Sandoval ante la barra del bar de su amigo Soler: “Sigo aquí, Soler, ¿y sabes por qué sigo aquí? Porque me da pánico caminar por allá afuera. Pánico. Están pasando cosas…”.

Entonces creo, como el profesor, que no hemos fracasado. Hemos sobrevivido. Y han sido esos abrazos y ese afecto los que nos han permitido continuar.

Los asistentes

Antes de darle la palabra al profesor Lecuna, la profesora Florence Montero dijo que recibía con alegría a todos los presentes. De hecho, saludó con especial entusiasmo al decano de la Facultad de Humanidades y Educación, profesor Pedro Barrios; a la coordinadora académica, profesora Mariángeles Payer; a la exdirectora de la escuela y profesora jubilada Irma Chumaceiro; así como también a los docentes activos de Letras: los profesores Erika Rossen, Francis Lugo, Jorge Romero y Laura Toloza.

Una mención especial recibió Gabriela Durán, alumna egresada en el año 2011, a quien llamó “la teatrera de Parque Central”.

La exalumna de Letras era asidua visitante del Sótano 1 del mencionado complejo urbanístico porque allí estudiaba teatro, en la Cátedra Venezolana de la Escena fundada por Levy Rossell.

Ahora vive en Argentina, está casada y tiene una niña; pero como si se tratase del argumento de una dolorosa obra de teatro del absurdo, Gabriela regresó al país solo por un mes para cuidar a su madre, y su mamá murió. Tuvo que extender su permanencia en Venezuela, encargarse de los actos funerarios y cuidar a su papá.

Aunque parezca insólito, estaba sonreída en el aula 201. Me contó que, si bien quería escuchar los hallazgos de la investigación del profesor Lecuna sobre Parque Central, también anhelaba ver a todos los que fueron sus profesores y fundirse con ellos en un abrazo.

Foto principal: Caracas sangrante, de Nelson Garrido.

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