Los 18 años de los Amigos Invisibles

Si los Amigos Invisibles fueran costureros, seguramente confeccionarían para las casas de moda más importantes del mundo. La guitarra funk de la banda serpentea con distinción a través de una fusión de rock, salsa, merengue y bossa nova que levanta de su asiento a cualquiera con dos pies izquierdos.
Los nuevos y viejos seguidores de su ritmo se reunieron el jueves pasado en el Anfiteatro del Centro Sambil para celebrar los 18 años de la agrupación. Fue una noche con un cielo despejado, pero que se hacía más fría con cada minuto que tardaban en salir.
Como todo en la vida, el concierto no estuvo exento de percances. Luego de más de una hora de espera, se apagaron las luces que iluminaban al público. A pesar de que se pudo ver por un momento entre la oscuridad a Armando Figueredo frente a sus teclados, la banda no salió a escena. Después de minutos de suspenso, las pantallas de la tarima sólo mostraron publicidad antes de que aparecieran Pastor Oviedo, su tapabocas y César Miguel Rondón para animar al público y elogiar al grupo. Sin provocar ninguna gracia entre la mayoría, el actor se quitó su mascarilla y siguió con su misión.
Luego de esas palabras, salieron los músicos. El último en hacerlo fue el cantante Julio Briceño, quien recibió la mayor ovación. Comenzó la música y los asientos perdieron su utilidad por un largo rato.
La noche dejó de ser fría con toda la euforia provocada por el grupo. No importaba la edad ni la habilidad con el baile, todos se movían y cantaban al compás de un ritmo que sí es invisible.
El repertorio del concierto estaba programado para no desanimar a nadie. Los Amigos no sólo tocaron sus canciones más conocidas y radiadas como “Ponerte en Cuatro” y “La Vecina”, sino las de su nuevo disco Comercial y aquellas que corearon sólo los que tienen toda su discografía. A esas canciones no les faltó ese aliño que le da todo músico a su obra al pasar los años.
Otro percance ocurrió cuando el micrófono de Briceño se dañó cuando cantaba “Mentiras”, de su reciente disco, y tuvo que ser ayudado por sus compañeros hasta que le trajeron otro. El público, que llenó el lugar, no se desanimó, pues en ese momento ya estaba inmunizado con una dosis de música y baile.
La velada no sólo fue animada con temas propios, sino con versiones de temas clásicos como “Lambada” de Kaoma y una corta versión merengue de “Sweet Child O’Mine”, del grupo de rock Guns N’ Roses, cuyo primeros acordes de guitarra agitaron a más de un corazón.
Briceño bromeó varias veces con el público, que poco antes del final del concierto le cantó cumpleaños a la banda. Los músicos, sorprendidos, siguieron a los asistentes con la famosa “Ay, que noche tan preciosa”, en bolero.
Dos horas después de haber comenzado, cerca de las 11:40 pm, los Amigos dejaron de cantar al terminar “Que rico”. “Gracias, arrechísimo terminó”, dijo uno de los integrantes.
Entre los temas cantados por la banda estuvieron “Sexy”, “Amor”, “Diablo”, “Una disco llena”, “Esto es lo que hay”, “All day today”, “Yo no sé”, “Cuchi cuchi” y “Ultra funk”.

Foto tomada por Carola Ettegui

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