Juan Villoro: “Para conocer una época hay que saber cómo se entretiene la gente”

Juan_Villoro

 

Humberto Sánchez Amaya

El escritor Juan Villoro acaba de publicar Balón dividido, un libro de crónicas en la que el autor discierne sobre diferentes momentos de la historia del fútbol, jugadores, árbitros y público.

Resalta momentos de honestidad y lealtad en un deporte en el que son hitos jugadas como el gol de la llamada mano de Dios de Diego Maradona en 1986.

El autor hace paralelismo del comportamiento social a través de la pasión de los fanáticos, sus exigencias,  los árbitros y cómo afectan los resultados de un juego a la colectividad.

A través de un cuestionario enviado por correo electrónico, el finalista del Premio Rómulo Gallegos 2013 habla del fútbol, la ilusión que produce , y hasta de Molotov, banda que el autor destaca en el documental Gimme the Power. 

Has dicho que una de las razones por las que la gente se apasiona por el fútbol es su parecido con la vida. ¿Qué lo hace más similar a la realidad que otros deportes?

El fútbol no depende de ninguna exigencia física, puedes ser perezoso como Valderrama, bajo como Messi, espigado como Beckenbauer y ser un genio. Además permite el empate a cero e incluye el error humano como forma de juicio (el pobre árbitro se equivoca mucho). Todo esto es muy parecido a la vida.

Si bien afirmas que apasiona por su parecido con la vida, también mencionas que puede hacer que las personas se mantengan absortas de la realidad. ¿No es paradójico?

Soportamos la vida porque somos capaces de compensarla con el amor, la ilusión, el juego, el arte o el deporte. La realidad está mal hecha y la sobrellevamos gracias a esas ilusiones. Eso forma parte de la vida.

¿Son más fanáticos aquellos quienes desean ese milagro posible, los que quieren que el destino se resuelva con un truco?

Hay fanáticos muy realistas que creen que la dieta y el podado del césped contribuyen al resultado (algunos incluso son entrenadores) y fanáticos supersticiosos que esperan embrujos.

En las primeras páginas de Balón dividido te refieres a muestras de honestidad ocurridas en la cancha. ¿Por qué esos hechos no se recuerdan con la misma pompa que “la mano de Dios” de Maradona?

La picardía es parte esencial del futbol, sobre todo en Latinoamérica. El otro día le recordé a un hincha del Atlético de Madrid que la afición del Barcelona los aplaudió de pie en su estadio cuando ganaron el título. Eso pasó hace un par de meses y él ya lo había olvidado. Las muestras de dignidad sólo son recordadas por gente digna; en cambio, la indignación es muy democrática.

¿Es el fanático un ser egoísta por solo esperar un buen desempeño de los jugadores de su equipo? Caso Robert Enke.

Robert Enke padecía una depresión crónica como narro en mi libro. Al mismo tiempo, temía reconocer públicamente esa enfermedad porque el portero debe transmitir seguridad y más si representa a Alemania. En vez de tratarse médicamente, prefirió suicidarse para que no lo vieran como alguien débil. Es un caso terrible de disciplina mal entendida. Una auténtica tragedia que no tiene que ver con el egoísmo sino con una enfermedad psicológica mucho más grave.

¿Qué le dirías sobre Balón dividido a un lector de tu obra al que no le guste el fútbol?

Me gusta mucho que la gente que ignora el fútbol o que incluso lo detesta, se interese en leer sobre el tema. Para conocer una época hay que saber cómo se entretiene la gente, y el fútbol es la forma de entretenimiento mejor organizada en el planeta. No soy muy afecto a los carnavales, pero leer sobre el tema me ha ayudado a entender a Colombia y a Brasil.

¿Escuchaste el nuevo disco de Molotov?

Sigue siendo un grupo con mucha energía. Lo que ya no puede lograr un conjunto histórico es sorprender como lo hizo en un principio.

¿Leíste Simone, la novela de Eduardo Lalo que ganó el Rómulo Gallegos en 2013? 

No la he leído. Conocí a Eduardo en la Feria de Gudalajara y me pareció muy simpático.

¿Has tenido la oportunidad de leer alguna obra reciente de algún escritor venezolano? ¿Qué recomiendas?

Me interesa mucho la obra de Alberto Barrera, Ibsen Martínez, Ednodio Quintero, Boris Muñoz o Antonio López Ortega. No estoy al tanto de autores más jóvenes porque los libros latinoamericanos no circulan entres nuestros países.

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