Igor Barreto: “No puedo decir que soy dueño de mis poemas”

Texto de Humberto Sánchez Amaya (@HumbertoSanchez)

Igor Barreto siente un gran temor cada vez cruza la calle. Esa sensación es intrínseca a la certidumbre de la mortalidad. “Es saludable contar con esa certeza”, dice el autor que acaba de publicar El campo/El ascensor (Poesía reunida 1983-2013).

Fue una forma de encontrarse con si mismo, pero no de buscar la perdurabilidad de su obra. “La inmortalidad en este sentido es una suposición.  No sabemos si en 500 años vamos a seguir leyendo a Rómulo Gallegos o Vicente Gerbasi. Toda obra humana va a desaparecer. El concepto de inmortalidad no puede sino estar referido al tiempo de vida de alguien. Un trozo de cuarzo de edad temprana es más antiguo que Don Quijote”.

El autor, oriundo del estado Apure, es tajante al describir lo que se encuentra en sus versos. “Hay decepción, sentimiento de pérdida, la certidumbre de que existen cosas irrecuperables”, afirma Barreto, quien sin embargo no dudó en aprovechar esta publicación, a cargo de la editorial española Pre-Textos, para reelaborar algunos poemas, arrepentirse de algunos versos y sustituirlos y cambiar de dedicatorias. “Las relaciones humanas tienen esa dinámica cambiante de la vida misma”, explica.

Esos cambios son tan comunes como la dualidad de las personas, que viven en territorios afectados por el progreso, los deseos y ambiciones. “Como lo recordaba Carlos Drummond de Andrade en América Latino vivimos  esa dualidad. Cuando estoy en el campo pienso en el ascensor. Cuando estoy en el ascensor, pienso en el campo. Somos esas dos cosas al mismo tiempo. Mi libro trata de dar cuenta de esa realidad. No soy un campesino ni escribo como campesino. Trato de aproximarme a esa voz con toda la intención artificial de la simulación y la apropiación”.

Barreto, cuando habla de su obra, también lo hace de lo que considera es el instinto de autodestrucción de la humanidad. “La historia de la literatura suele colocar siempre a la Iliada antes de la Odisea. Debería ser al revés. Al final siempre a estar la destrucción”.

Para recalcar su punto, acude a otra pasión: el cine. “Si la raza humana no consigue otro planeta, no creo que vaya a sobrevivir. En Interstellar se plantea ese tema. Es una película importantísima, tan importante como Blade Runner en los ochenta. Te confronta con una reflexión, una profundidad filosófica sobre el destino de la humanidad”.

 Con lo popular. Barreto tiene la intención constante de alejarse de la nostalgia por el llano, pero no de lo popular, que lo inspira. “Al igual que José Bergamín, he aprendido que la cultura analfabeta es nuestra cultura profunda. Por eso, respeto mucho el analfabetismo y me molesto mucho cuando la gente habla de los índices de disminución pasándole por encima a una serie de detalles. Hay un analfabetismo funcional que es un reservorio de saberes importantes por su poder de observación”.

Recuerda a Antonio José Torrealba, que escribió Diario de un llanero. “Ahí vertió todos sus conocimientos sobre el llano. Sirvió para que Gallegos se nutriera. Era un hombre completamente analfabeto que aprendió a escribir, pero venía de la cultura oral. También está la tradición oral del analfabetismo, al igual que la poesía juglaresca”, acota.

No solo habla de expresión, sino también de oficio. Se refiere a un bien amigo, “el señor Luis”, un jubilado de la alcaldía de Baruta a quien considera un gran amolador de navajas. “Me asombra su gran capacidad para no rayar la hoja. Trabaja solo sobre el filo. Para hacer eso se requiere un gran grado de refinamiento cultural”.

De esas experiencias, escribe. A ellos también los considera responsables de lo que se imprime en cada página de su obra. “Siempre ha habido personas que me hacen observaciones. Cuando edité Crónicas llanas (1989), que fue hecho en la imprenta de Miguel Ángel García, había un catalán que manejaba la maquina en la que el plomo se fundía y me decía: ‘Epa poeta, este verso está mal escrito. No funciona. A la sintaxis le pasa algo’. No puedo decir que soy el dueño de mis poemas. Se te acerca mucha gente que te ayuda a llegar a esa última versión sin saber que derivará en un poema”.

Barreto fue uno de los invitados en 2014 a participar en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. El libro El campo/El ascensor (Poesía reunida 1983-2013) es una obra cuya recopilación estuvo a cargo de Antonio López Ortega.

Foto: Manuel Sardá

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