El contador es una película con dificultades para la empatía

Texto de Humberto Sánchez Amaya (@HumbertoSanchez) publicado previamente en El Nacional

El contador es una especie de laberinto en el que es muy fácil perderse. La película es dirigida por Gavin O’Connor y protagonizada por Ben Affleck, quien interpreta a un genio de los números que se encarga de llevar la contabilidad de grupos mafiosos.

Christian Wolff tiene la condición asperger, por lo que le es difícil desentrañar las emociones de su entorno en buena parte del desarrollo del largometraje. También es un gran luchador y posee excelente puntería, letal en situaciones de riesgo. Entonces, es contratado por una poderosa firma de tecnología para que revise los números, pues los directivos sospechan que hay irregularidades en el manejo de algunos fondos.

En esa tarea conoce a Dana Cummings (Anna Kendrick), quien labora en la empresa, y juntos descubren anomalías en los libros contables. Cuando cree que ha logrado el cometido, su vida y la de su compañera empiezan a correr peligro y se ve obligado a defenderse. A la vez, el agente Ray King (J. K. Simmons) encomienda a Marybeth Medina (Cynthia Addai-Robinson) a encontrar al culpable de una serie de asesinatos.

La película, que se estrena hoy en la cartelera venezolana, parece al principio centrarse en la historia de un personaje con un enrarecido pasado que trabaja para maleantes, pero repentinamente es contratado para llevar a cabo una tarea en apariencia loable, lo que termina convirtiéndose en el meollo de la trama.

La incapacidad de Wolff para relacionarse con los demás le permite a los responsables del filme colocarlo en cualquier situación; bien sea para lo que es considerado bueno o malo, al final al personaje solo le importa terminar todo aquello que comienza.

A este conflicto se suman otros que impiden el enfoque en uno que genere la suficiente tensión, más allá de las preguntas que surgen para saber qué está ocurriendo en pantalla. El espectador puede sentirse confundido al no saber qué clase de protagonista tiene al frente, ni la razón de varias de las escenas proyectadas. Por momentos se puede preguntar quiénes son en realidad los involucrados en la discordia. Las interrogantes se centran en saber si es un filme sobre mafiosos, corrupción financiera o maltrato en el hogar. Es como si el realizador y el guionista Bill Dubuque no quisieran que quienes vieran su película se compenetraran con lo que ocurre durante las dos horas de proyección.

Las imágenes retro sobre la infancia son reiterativas y dicen poco de su conducta actual, y mucho menos dejan claro las razones que generaron los conflictos vistos en los retazos de escenas que parecieran conformar El contador.

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