Andrea Imaginario: “El país pareciera no estar a la altura de la necesidad de los jóvenes”

Texto de Humberto Sánchez Amaya (@HumbertoSanchez) publicado previamente en El Nacional

Andrea Imaginario llega tarde al encuentro, pero no fue su culpa. El estado de las autopistas le juega una mala pasada. Se le espichó un caucho al caer en un hueco. Afortunadamente estaba acompañada y el cambio de neumático se hizo con mayor premura, en la oscuridad de una Caracas impredecible.

El hecho no la inquieta. Asiste a la entrevista serena, con un tono de voz sin alteraciones. Sólo pide lavarse las manos. Al salir, luce impecable para la conversación y sesión de fotos.

En noviembre publicó el disco A solas, el primero de una serie que prevé grabar en la que ella sólo estará acompañada de un instrumento. En este, su voz suena junto con la del piano de José “Pepesito” Valdés

“Son canciones que formaron parte de mi infancia y adolescencia. Son temas que me hicieron descubrir mi lado más sensible, con los que tuve al frente temas profundos. Normalmente lo que uno escucha en radio tiene que ver con amor y desamor. Las que elegí, hablan desde diferentes lugares, de otro tipo de amor, como el que existe hacia esa ciudad que se quedó como ensoñación”, indica la cantante sobre “La que más te ha querido” de Concha Valdés Miranda, “Aquellas pequeñas cosas” de Joan Manuel Serrat, “Todo este campo es mío” de Simón Díaz, “Caracas vieja” de Billo Frómeta o “Sueño de barrilete” de Eladia Blázquez, esta última sobre las dificultades de hallarse en la vida, según palabras de la intérprete, o el lamento de un artista.

Son composiciones que han definido un carácter nostálgico en ella, quien sabe cómo elogiar en canción lo tornasolado que asegura pueden ser los sentimientos: “Ver la tristeza en la alegría y la alegría en la tristeza”, dice.

La cantante, con una ascendencia portuguesa que ha dejado registrada en sus fados, es profesora de la Escuela de Artes de la UCV, de donde también egresó y obtuvo una maestría en Literatura Comparada. Se asombra de cómo las nuevas generaciones son capaces de tocar con gran calidad distintos instrumentos. “Son grandes músicos estos muchachos. También leen, componen y arreglan. La escena nos muestra una madurez creativa a la que hay que darle espacio y reconocimiento. Los músicos veteranos que han trabajando conmigo reconocen que en su época eso no ocurría”.

Sin embargo, suspira cuando tiene que referirse al espacio universitario. “En la escuela hemos encontrado un conjunto de estudiantes que tienen mucho amor por el discurso artístico, con un altísimo nivel. Profundos lectores que escriben muy bien. Tengo la experiencia como docente para ver cómo alumnos se proyectan como grandes directores de teatro o dramaturgos. Pero eso ocurre en paralelo a la crisis profunda de la universidad. Por ejemplo, este semestre comenzó con la mitad de estudiantes que normalmente se inscriben. Grosso modo no se han inscrito porque se han ido. Solía tener 95 alumnos cada semestre, en esta ocasión no llegan a 60. El país pareciera no estar a la altura de la necesidad de los jóvenes, que no le da espacios a estas personas ansiosas por crear”.

Andrea Imaginario es contundente cuando vuelve al tema de su disco. Afirma que A solas es un álbum para sentarse y soñar, además de compartir con la persona especial. “Para la intimidad, pues nos permite un encuentro con esa parte más silenciada por la cultura actual en la que vivimos. No me refiero nada más al ruido de la calle, a la cotidianidad, sino al de las computadoras, teléfonos, el de los mensajes de Whatsapp. Tiene además un valor patrimonial. Es el primer trabajo además en el que Pepesito acompaña a una cantante”, señala.

¿Considera entonces que la música ha perdido terreno ante esas distracciones del mundo 2.0, toda esa avalancha de información? “Nosotros estamos perdiendo la capacidad de concentración con todo lo que hacemos. No podemos contemplar porque a cada momento somos interrumpidos. Si a eso se suma una política de radiodifusión que cree que la música se resume a tres o cuatro géneros, el resto de la música que se seguirá haciendo pasará inadvertido. La cultura en la que vivimos nos distrae de nosotros mismos porque nos mantiene en sobresaltos. Estamos perdiendo como civilización porque hemos entregado parte de nuestra libertad para poder fiscalizarnos en redes sociales”.

Foto de Omar Véliz

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