Betsayda Machado y La Parranda El Clavo van a millón por el mundo

Texto de Humberto Sánchez Amaya (@HumbertoSanchez) publicado previamente en El Nacional

Hay un disco que desde el primer momento invita al goce y al regocijo. Es difícil ser indiferente ante una obra que destaca lo mejor del tambor. ¿Los responsables? Betsayda Machado y La Parranda El Clavo, oriundos de Barlovento, y su obra lleva el nombre de Loé Loá (Rural Recordings Under the Mango Tree), el álbum que acaban de editar.

El jolgorio es una premisa en esta producción. Los cantos propios del género, esos que celebran la vida y en los que se agradece por tanto, rinden también tributo a los santos en los que se busca cobijo. El ritmo de los tambores, tan contagioso incluso para aquellos que no se atreven a deslindarse de posturas, no es ajeno a lo que ocurre después del festejo. La voz de Machado también se queja, pero sin victimizarse, por lo que ocurre en los hogares ante tanta penuria y escasez y el peligro en la calle.

“Todo esto surgió por una invitación que me hizo Juan Souki, que ahora es nuestro productor. Hace un tiempo me preguntó qué podíamos hacer juntos. Le dije que fuera a mi casa materna, donde celebramos una parranda que tiene años de fundada. Y él fue. Los parranderos se prepararon para la visita como si él fuera un alcalde. Lo llevé a conocer a la gente del pueblo. Yo le dije que eso se iba a prender y no iba a saber cómo pararlo. Así comenzó todo”, cuenta Machado sobre su encuentro con el director de teatro.

Souki recuerda ese momento. “Visitamos el pueblo, comimos un sancocho en casa de la mamá de Betsayda y surgió la idea del disco cuando la escuchamos a ella en su contexto, acompañada por los parranderos, a los que conocí ese día. Asterio Betancourt, fundador de la parranda, me contó que como agrupación tenían organizados alrededor de 30 años, pero que nunca habían grabado una canción”.

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Una vez activos los tambores, fue evidente que el proyecto daba para mucho. “Juan dijo que todo había que plasmarlo y el ingeniero de sonido, Darío Peñaloza, pudo viajar hasta allá con su equipo para la grabación en el pueblo, tal como dice su nombre, ‘debajo de una mata e’ mango”, cuenta Machado sobre uno de los responsables, junto con Javier Aponte, de registrar en 2016 lo que allá pasó.

Peñaloza es uno de los ganadores del Latin Grammy a la Mejor Ingeniería de Grabación por De repente de Rafael “El Pollo” Brito y C4 Trío. La mezcla estuvo a cargo de José Luis “Cheo” Pardo en Nueva York.

“Decidimos que fuera bajo una mata de mango en una calle alejada de la vía principal. Allí se sumó buena parte de la comunidad, unos a cantar, otros a bailar y otros más a acompañarnos. Fue un día muy especial. En enero de 2017 tocamos en Nueva York y Cheo fue al concierto, ahí se hizo realidad el sueño de que él se sumara al equipo. Lo publicamos en octubre, de forma independiente, con el sello Odelia. Queremos sacarlo en formato vinilo, como habría sido publicado hace 30 años”, asegura Souki, quien desea hacer un concierto en Venezuela como presentación oficial. El año pasado hubo una muestra del proyecto en el Centro de Arte Los Galpones.

Machado y los parranderos han estado de gira por Estados Unidos, Canadá y Polonia y prevén continuar en 2018. En marzo ya deben tener las maletas listas para visitar ciudades como Nueva York, Miami, Orlando, Baltimore, Cincinnati y Milwaukee.

“En tarima somos entre siete y ocho integrantes. Nereida, mi hermana, y José Gregorio Gómez, también son bailarines que están en escena. Una vez nos presentamos en la Universidad de Stanford, y fue muy rico porque primero hicimos unos talleres de canto y baile. Fue impresionante cómo la gente estaba dispuesta a recibir lo que le llevamos en un ambiente que uno ve rígido por sus horarios y disciplinas, pero cuando arrancamos el show, nada que ver. Todos empezaron a bailar y los que llegaron después se preguntaban cómo es que los otros sabían moverse así (risas)”, recuerda Machado.

La cifra de músicos varía según el contexto. Para los viajes se reduce debido a los compromisos de cada participante, pero en el pueblo pueden ser decenas los parranderos tocando, bailando, cantando, celebrando.

Del periplo por Estados Unidos la cantante tiene otro recuerdo que la emociona: “Hicimos una parada en una de esas ciudades a comprar un café, porque como dice un amigo, negro con frío es negro muerto, y en uno de los puestos de periódicos vimos que The New York Times nos había dedicado una página completa. Eso fue maravilloso”.

Ella se refiere a una publicación hecha por ese periódico, que acaba de elegir el álbum como uno de los mejores de 2017, sobre el Globalfest realizado en enero en Nueva York, un festival dedicado a la música internacional.

“El estado Miranda tiene el privilegio de contar con muchos ritmos, pero lamentablemente se han perdido. Uno de ellos es el quitiplá. De hecho, le dedicó unos versos a Belén, quien fue integrante en Tapipa del grupo Elegguá. La juventud no se ocupa de tener conocimiento de estas expresiones. Lo mismo pasa con el culo e’ puya y con otros. Pero acá estamos nosotros, vamos a millón con esto”, acota, preocupada, Machado.

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