Luis Miguel, la serie, la versión de un sol eclipsado

El Miope. Texto de Humberto Sánchez Amaya (@HumbertoSanchez) publicado previamente en la columna Cultura Puntual de Todo en Domingo 

Cuando en 2016 murió Juan Gabriel, muchos, al lamentar el fallecimiento, advirtieron que el vínculo con su obra era tan solo un placer culposo, que además habían heredado de sus padres o abuelos.

No me adentraré en las razones de los comentarios. Solo recuerdo el momento para hablar de Luis Miguel, la serie, que se encuentra en Netflix.

Sin dudas, ha sido un éxito. Pero al igual que ocurrió con el intérprete de “Querida”, varios de los que quedaron prendados con la historia han dicho que el llamado Sol de México es un placer culposo.

Sería falso decir que soy seguidor de la carrera del cantante. Incluso, en una época, afortunadamente lejana, veía injustamente con reservas su vida artística. Eso, prejuicios de juventud.

Hace varios años Paul McCartney respondió a algunos de sus detractores que lo llamaban sensiblero. El ex-Beatle escribió una canción con ironía: “Some people want to fill the world with silly love songs, and what’s wrong with that?

Ahora, superado el cinismo, mientras escribo estas líneas en mi cuarto suena “Culpable o no”, y prefiero rememorar el capítulo en el que detallan cómo surgió la pieza. Sin dudas, atinadamente contextualizada para el clímax de un buen episodio.

Tal vez vi la serie con la ingenuidad del poco versado en el asunto, y por eso me sorprendieron los giros, el conflicto que desde pequeño afectó a un niño convertido en estrella. Claro, detrás había un padre que sabía que su carrera estaba acabada, pero que vio en el hijo la posibilidad de un estrellato que él nunca tuvo.

No conozco al ferviente seguidor de Luis Miguel que haya visto esta serie, pues mi círculo más cercano puede contar una historia similar a la mía. Así que no sé si los expertos en la vida de Micky se hayan entusiasmado tanto como yo.

Uno de los principales atractivos es cómo muestran la rivalidad entre padre e hijo. Sí, el principal adversario de Luis Miguel fue su papá: Luisito Rey, un villano con el que es imposible sentir un mínimo de compasión.

Diego Boneta, quien interpreta a Luis Miguel adulto, lleva a cabo una actuación que está a la altura de un personaje tan popular  y con referencias tan frescas, inmediatas y accesibles. Pero Óscar Jaenada, como Luisito Rey, subraya la tensa trama de un joven que debe sobresalir en una competitiva industria, mientras la contraparte duerme en casa. Es ágil, sí, convierte al hijo en estrella, pero él quiere el control, ser el ventrílocuo del artista. Además, se añade el misterio de lo ocurrido con la madre.

Con la serie hay que ser precavido: Luis Miguel es uno de los productores. Pero eso la hace más interesante al convertirla en su desahogo ante una vida de tantos vaivenes, tal vez su réplica ante juicios de valor durante años. ¿Cómo ser cuando tu padre te vuelve célebre y a la vez conspira en contra?

La versión de la estrella no es nada deleznable como historia y espectáculo. Habrá que esperar a ver si aprovecha el interés recobrado en su imagen, bastante venida a menos por las infortunadas noticias de años recientes.

 

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