Sala Mendoza: exploración de las angustias humanas

Por María Angelina Castillo

La idea del caos, la belleza, las dualidades, la necesidad del refugio, el lugar en el que conviven lo interno y lo externo en el ser humano, las nuevas tecnologías, la identidad y las tierras del desarraigo son las temáticas en las que indagan los artistas venezolanos ganadores del Premio Eugenio Mendoza #16. Ellos son Ángel D. Leiva (Maracaibo, 1983), Analy Trejo (Mérida, 1986) y Ana Mosquera (Caracas, 1983) y actualmente exponen sus individuales en los espacios de la Sala Mendoza, ubicada en la Universidad Metropolitana.

La muestra, que inauguró el pasado 23 de julio y estará abierta al público hasta el 10 de septiembre, se puede visitar de lunes a sábado y cuenta con la curaduría de Manuel Vásquez Ortega.

La convocatoria para esta edición del premio se realizó en 2020, al año siguiente fue anunciado el veredicto y a partir de allí los creadores tuvieron alrededor de doce meses para trabajar, explorar y continuar sus líneas de investigación. “Un proceso largo en el cual los artistas han venido desarrollando la propuesta. Me gustó revisar los conceptos comunes entre los tres. Es un momento general del arte venezolano que parece despegarse de una crítica social y política tan marcada, para abordar el problema francamente humano. Una necesidad de buscar”, señala el curador.

A continuación, los artistas hablan sobre su obra.

Ruina e imperfección

Artista: Ángel D. Leiva

Obra: PP (Vicios y vacíos)

“Mi trabajo es tomar la acumulación, plantear o cuestionar el consumo. Aunque no considero que mi obra sea ecológica. Es evidenciar un poco las necesidades y búsquedas que se asocian a la acumulación, al caos; y a partir de ello he aprendido a aceptar cuestiones como la imperfección de las cosas. Además, implica retos personales como el desapego a los materiales, la obsesión con la perfección. Mi proceso es una catarsis de muchas situaciones y, asimismo, hago un paralelismo con la precariedad, la ruina, los asuntos políticos. En la individual, PP son iniciales que tienen que ver también con una teoría de la complejidad, lo aleatorio, lo performático, las dualidades: el caos y el orden. Pero con una suerte de espíritu y belleza. Me interesan los juegos de palabras. En la exposición está también la obra ganadora que se suponía que era un quiebre en mi proceso. Hay una frase que me caracteriza: ‘La agonía del último momento’, que me permite ser más sincero: no buscar la perfección, sino que lo más real. Entonces, la obra intenta buscar esa perfección, pero aceptando también muchas cosas. Está elaborada a partir de papeles acumulados, cartas de amor, catálogos, básicamente es un archivo personal y familiar. La idea de encriptar más que destruir es crear. A partir del caos o la ruina, construir, hacer un monumento de belleza”.

Habitar/ser el refugio

Artista: Analy Trejo

Individual: Haunted, en el lugar más bello que existe

“Es una continuación de la investigación que abrí con la obra que ganó el premio, que se llama Refugios y consiste en un repertorio de imágenes fotográficas que mostraba estructuras que yo habitaba para hablar sobre la vulnerabilidad de la vida humana, en un contexto de la pandemia. Un evento que ha hecho evidente nuestra fragilidad. Entonces quise pensar lo que significa estar en la casa: si realmente estamos protegidos, a salvo, seguros. O no. Pero también indagar en la estructura y lo que ello significa: la necesidad de refugio que es un sentimiento muy humano, muy primitivo, para poder estar y relacionarse con el exterior, y también para construirse un lugar para soportar el peso del mundo. Y la vida que le damos a ese espacio donde recreamos el propio universo. En ese diálogo hay un vínculo ineludible: lo externo influye en nuestra emocionalidad, en nuestro mundo interno y configuramos el espacio externo según cómo estemos nosotros en nuestro corazón. Quería generar imágenes conectadas con un paisaje que en este caso es un bosque. El bosque puede ser muy bello, pero también tiene cosas terroríficas. En ese sentido asocio el paisaje del bosque con ese universo de emociones, sentimientos, ideas, pulsiones creativas y también negativas que pueden estar en nuestra interioridad. Haunted no es un lugar, sino ese lugar que construimos nosotros a partir del diálogo entre lo interno y externo, que finalmente define al humano. Además de la instalación, hay un conjunto de obras que se unen en una frase: traspasar la cabaña, traspasar el cuerpo o la materialidad, y alcanzar el bosque, alcanzar el paisaje externo, afirmar la vida, afirmar la tierra, pero también alcanzar el mundo interno, el mundo íntimo. ¿Cómo? En el bosque, en las fisuras, en las cortezas de los árboles. No es solo habitar el refugio, la estructura, sino transitar y habitar también el bosque”.

Ausencias y reconstrucción

Artista: Ana Mosquera

Individual: Tierras raras

“Me gustaría primero que nada responder al comunicado de prensa oficial emitido por el curador Manuel Vásquez Ortega en nombre de la Sala Mendoza y con motivo de la exposición. Tierras raras no da continuación a la obra Isla decepción, a pesar que también explora espacios distópicos. Tampoco estudia las tecnologías de datos, ya que ese término no existe. Esta exposición se interesa por  los aspectos socio-materiales de las tecnologías de redes y las relaciones sociales que a través de las tecnologías de la información articulan ideas sobre pertenencia y lugar. Y si existe alguna relación entre el cuerpo de trabajo anterior y este, se remite solamente a la implementación de ciertas metodologías que exploran lo inesperado, y promueven la continua recopilación de materiales digitales para luego utilizarlos en un output final.

El título Tierras raras es una referencia a un grupo de elementos químicos utilizados para fabricar productos tecnológicos y armamento, es una invitación a hallar una poética de la tecnología. La exposición se desarrolla en 3 momentos: el primero en el video multicanal de 1 min Speculum Orbe Caribbean, y el cual narra la historia del Caribe a través de la función de autocompletar de Google. Para ello, se extrajeron palabras clave de textos escolares sobre la historia del Caribe, y se introdujeron en el motor de búsqueda para hallar frases autocompletadas, que progresivamente generaron la narración final. A través de este proceso también fui coleccionando imágenes y videos que fueron ensamblados en la obra. 

El segundo momento de la exposición son los dispositivos para flotar o hundirse, y que pueden leerse como vestimentas de supervivencia y autodestrucción: lugares-cuerpos. Estos dispositivos están intencionalmente ausentes en la sala, si algo en ellos podía ayudarte, ese algo ha desaparecido para  reconstituirse en una realidad digital, lejana e inaccesible.

El último momento es el de la identidad digital, un formato de identificación donde se propone pensar sobre las nacionalidades como algo fluido e impermanente, algo que se renta al mejor postor, ¿Quién merece una identidad, y quién puede pagarla? Esta obra es una respuesta directa a mi experiencia de dislocación en medio de múltiples procesos migratorios, y que me han dejado efectivamente sin pasaporte por más de 3 años.

Finalmente, quisiera tomar un minuto para reflexionar sobre la naturaleza de los premios de arte, un formato que invita a artistas jóvenes a la participación bajo la premisa que recibirán apoyo y promoción de sus obras ante nuevas audiencias. Sin embargo, este no siempre es el caso. Existen instituciones que usan estos reconocimientos de manera explotativa, y es mi opinión que ese también es el caso del Premio Eugenio Mendoza. Ganar una mención en esta sala no solo significa perder parte de los derechos de comercialización de la obra, que dicho sea de paso priva a los artistas de disfrutar 50% del fruto de su trabajo. También representa un excesivo yugo económico, al obligar la producción de una exposición de cierre con fondos independientes y sin ningún tipo de apoyo curatorial o institucional – ¡ejemplo de ello es el comunicado de prensa!.

Para mi la experiencia de este premio no ha sido ni la más grata ni la más placentera, y a pesar que rescato la ardua labor de personas como Patricia Velazco y Cecilia Perez Mokus, que han logrado levantar el premio el año tras año, me parece que la Sala Mendoza como institución podría revisar sus prácticas, de forma tal que se dedique a promover condiciones acordes con un espacio educativo dedicado a la promoción de las artes y al apoyo de artistas jóvenes”.

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