Tras un breve destello en 2023, la banda regresó para demostrar que su vigencia no es un asunto de nostalgia. Entre la presentación de su nuevo álbum, Saludos de Americania, y el repaso de sus clásicos, el trío caraqueño reafirmó su química en una noche de madurez musical y conexión generaciona
Esta vez fue un reencuentro pleno, sin la presión de ceder el espacio por el cronograma grabado en piedra de los festivales. Si bien en 2023 Americania dio una breve muestra del poder del regreso en aquel Cúsica Fest que logró lo que parecía imposible, la noche del 30 de abril de 2026 fue el agasajo distendido de una banda que sabía que debía retornar con más.
La Concha Acústica de Bello Monte fue el escenario para un concierto que pasó toda prueba, tanto la de aquellos que conocen a la banda desde los tiempos de Sigo y La fiesta del rey drama, como la de otros que vivían la primera vez de un trío que ya es más que un trío. Y para ambos trajo más: las canciones de Saludos de Americania, un álbum que no tenía ni un mes de haberse estrenado y que fue cantado como si hubiese salido en 2011.
Porque sí, temas como “Antonio Adolfo”, “Calendarios” y “Ojos nuevos” hicieron de las gradas del lugar un coro que parecía haber ensayado toda una vida. Canciones que, en algunos casos, fueron interpretadas por un público más fervoroso que con los temas de aquellos primeros discos.

Una puesta en escena sencilla. Sin pantallas, solo luces entre el azul, el rojo y el verde, así como unas imágenes reflejadas que evocaban las Nubes de Calder y unas ramas de plátano en el centro, como un eje que recuerda a casa; a una ciudad que también suena a Americania, aunque sea en susurros.
Italo Pizzolante, Armando Añez y Álvaro Casas armonizan de una manera que resulta imposible no celebrar. Hay momentos en los que Italo toma la guitarra para que Armando se siente al piano; luego intercambian instrumentos mientras Álvaro pasa de la guitarra a los teclados.
No hay protagonistas, tan solo una dinámica como la de los tridentes perfectos en el fútbol, esos que quedan para el furor de la grada y la fotografía de portada. Han sabido repartir sus turnos no solo en el registro del álbum, sino en escena, donde cada uno sabe ubicarse en el momento indicado que exige cada tema.
Los rostros no mienten. Disfrutan el momento. Sonríen con gusto cuando sienten que el público agradece que estén ahí, esa gente que encuentra resonancia en unas letras cada vez más esculpidas, como esos artesanos que conocen su joya, pero quieren ahondar siempre en nuevas destrezas, esas que el tiempo sopla en madurez.

Los acompañan el guitarrista Luis Antonio Otamendi y el baterista Pablo Mora, quienes solo se retiran cuando los protagonistas evocan esos primeros años. Cuando interpretan las canciones de Sigo, Italo se queda en la guitarra, Armando en el bajo y Álvaro en la batería, como hace quince años en los bares caraqueños que sonaban a rock de madrugada, cuando eran un trío que poco a poco se iría transformando gracias a la curiosidad por otros instrumentos.
No hay tema que quede en silencio entre el público. Les gritan que los quieren, que qué bueno que regresaron. La Concha Acústica se convierte entonces en otra dimensión en la que parece que no existe nada más en la ciudad. Casi dos horas de un concierto que no fue solo un repaso de glorias, sino también la demostración de un grupo con una capacidad creadora en ebullición y con un disco bajo el brazo que no tiene desperdicio.
Hubo entre el público personas que veían a Americania por primera vez y tan solo conocían algunas canciones, pero que ahora indagarán más gracias a esa noche de reencuentro entre lo viejo y lo nuevo.
Un concierto que fue una carta de intenciones de una banda que parecía no haber parado por una década, como si vinieran de tocar un año seguido en tarimas de todo tamaño, conviviendo por y para la defensa de su obra. Canciones que forman parte de la movida del rock nacional, pero tocadas por unos músicos que saludan con un nuevo álbum para reiterar que son fundamentales en la revisión de la música venezolana del siglo XXI.
Foto principal de Christian Mijares.
