Líneas tardías: El estadio caído de Boston Rex en Crímenes de guerra

Texto de Humberto Sánchez Amaya (@HumbertoSanchez) publicado previamente en Papel Literario

Los estadios suelen ser majestuosos. Claro, los que son fructuosos en papel y obra.  Son  lugares donde la victoria se ansía como único objetivo irrefutable ante la cotidianidad de emociones diarias. En ellos, convergen euforia, alegría, solidaridad, ira y prepotencia; hervideros todos de los más genuinos sentimientos.

Pero los estadios también son soledad, silencio y minusvalía ante la grandeza. De la más exorbitante bulla pueden pasar al vacío arrollador. La historia registra también que son espacios para la muerte, donde miles han sido asesinados por castas despiadadas. Chile levanta la mano y no precisamente por un juego ganado.

Boston Rex en su EP Crímenes de guerra regala una frase poderosa: “Vi caer un estadio sin un gol”, que pertenece a la canción “El cadáver de un corazón roto”.  Escucharla da para mucho, figurarla es un ejercicio casi infinito. En el tema, el cantautor da señales de sus inquietudes. No es directo ni panfletario, pero deja entrever su incomodidad ante una realidad apremiante y ofuscante.

Un estadio que se cae es una imagen apocalíptica, aterradora y desesperanzadora, mucho más cuando no se sabe si hay uno o millones adentro. Esa es la incertidumbre que deja el cantante en su obra. Se puede ser testigo y a la vez víctima de la tragedia.

En el primer tema, “11 de mayo”, advierte que hay un festín que arde, la celebración se acaba y quedan los cristales rotos por recoger. La música busca sosegar, pero la letra se contrapone en un ejercicio de desahogo ante lo que es casi imposible escapar. La separación y la muerte son también motivos para el canto, especialmente en “Te extraño” y “Dejarlo todo”.

El disco es un paseo por la vida del intérprete, obviamente por todo aquello que él quiere que uno vea. En ese proceso, uno sospecha que no lo dice todo. No solo es la poca duración del EP, de apenas 22 minutos, sino que pareciera haber un temor a ciertas transgresiones.

En Crímenes de guerra predominan los arpegios, la otra esquina de lo que suele hacer el artista con su banda Tomates Fritos. Cada nota balancea ideas y vivencias. Es un buen trabajo que hasta ahora se perfila como uno de los mejores que se ha publicado este año en el género rock en Venezuela. Boston Rex no decepciona. Su voz se amolda a una música que busca susurrar, pero no agitar a grandes masas. Es una conversación de bar, pero con cervezas a punto de acabarse. El músico ha dicho que varias composiciones quedaron engavetadas, esperemos entonces que pronto sean desempolvadas.

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