Salvar la frontera, muestra de cuentos de autores venezolanos migrantes

¿Podremos reencontrarnos a través de la literatura?

La Cátedra Libre Rafael Cadenas de la Universidad Central de Venezuela presentó el miércoles 10 de junio el libro Salvar la frontera, muestra de cuentos de autores venezolanos migrantes 

Por Dalila Itriago

“¿Cómo se construye la literatura de un país cuyos creadores viven fuera de él? ¿De qué modo la experiencia migratoria interviene o modifica la escritura? ¿Cómo se redefine la sensibilidad y la idiosincrasia al verse sometida a la extranjeridad, la mudanza y las variaciones culturales?”; fueron algunas de las inquietudes que se plantearon Carlos Sandoval y Gustavo Valle -compiladores del libro Salvar la frontera-, cuando el sello editorial argentino Equidistancias les propuso hacer una muestra de cuentos de escritores venezolanos migrantes.

Estas preguntas -presentes en el prólogo del libro- fueron citadas por la gerente general de la Fundación para la Cultura Urbana, Diajanida Hernández, el miércoles 10 de junio, en la Librería El Buscón, aquí en Caracas. 

Esa tarde, ella y el escritor Héctor Torres presentaron la obra.

Fue una actividad promovida por la Cátedra Libre Rafael Cadenas de la Universidad Central de Venezuela, la cual busca, como lo señaló su coordinadora, la profesora Irma Chumaceiro: “Ampliar su campo de acción y llegar a un público interesado en la literatura venezolana, más allá de la Ciudad Universitaria; así como también crear sinergias con otras instituciones para trabajar por su divulgación”.

El acto en sí reveló la esencia del libro: una casa editora argentina se interesó por la narrativa de autores que decidieron o se vieron obligados a salir del país. Los compiladores, Sandoval y Valle, aceptaron la invitación y nos explicaron en la introducción de la obra que el catálogo de esta editorial se ocupa de “la gran cantidad de escritores de habla castellana que han elegido vivir en culturas diferentes a la propia”. 

Justamente y a propósito de la migración, ambos nos contaron -a través de videos grabados- sobre la producción y el alcance que esperan tenga el libro.

Puente de palabras

El escritor Gustavo Valle nos saludó desde Buenos Aires. Dijo que Carlos Sandoval y él trabajaron en el proyecto durante más de dos años. 

Pareciera que más allá del encargo editorial, sus palabras develaron cierto dejo de dolor cuando afirmó que una parte importante de los escritores venezolanos viven en el exterior.

Aseguró que la migración ha transformado la realidad de nuestro país y su cultura, por eso apuntó que hay autores que llevan décadas fuera de Venezuela y otros han salido recientemente. 

Salvar la frontera expondría esta realidad, al ser un libro que reúne 30 relatos escritos desde distintas ciudades, en diversos contextos y bajo otros conceptos. Se trata entonces de una literatura que cuenta experiencias de vida diferentes y que a pesar de esto sigue dialogando, de una manera u otra, con la realidad nacional.

No es la primera compilación de autores venezolanos publicada fuera del país. Sin embargo, como lo advierten Valle y Sandoval en el prólogo del texto, “al tratarse de un fenómeno más o menos reciente, son pocas las que se ocupan de los escritores que han emigrado a otras tierras”. 

“Hay un interés creciente por nuestras letras” -afirmó Valle-, al informar que la semana anterior Salvar la frontera fue presentado en París, en el Congreso Internacional de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA), junto al libro Escribir afuera, cuentos de intemperies y querencias.

Esta obra, compilada por Katie Brown, Liliana Lara y Raquel Rivas Rojas, fue publicada por Khalatos Editores, en Madrid, en el año 2021.

“La migración dejó pérdidas, rupturas, omisiones y silencios, pero vamos a pensar que también se darán nuevas conexiones y nuevas formas de hacer comunidad. Este libro intenta reunir aquello que la migración dispersó”, agregó el escritor caraqueño, al reflexionar sobre la tarea de reencontrarnos a través de la literatura.

Quiso explicar el origen del epígrafe del libro, un fragmento del poema “El tesoro de la fuente cegada”, del poeta cumanés José Antonio Ramos Sucre; y lo leyó:

“Pude salvar entonces la frontera del país maléfico, y escapé navegando un mar 

extremo en un bajel desierto, orientado por una luz incólume”.

Después comentó que las fronteras siempre se han entendido como separación, como un límite; pero que también pueden empezar a verse como espacios de encuentro y que la obra presentada puede contribuir a esta tarea de tender puentes entre nosotros (los que estamos en el país) y ellos (los autores migrantes); así como también entre la literatura venezolana y los lectores de otros países. 

“El libro fue realizado con entusiasmo, con rigor y también con mucho afecto hacia los autores y hacia la tradición literaria de Venezuela. Esperamos que nuestras páginas sirvan para descubrir nuevas voces, para reencontrarnos con escritores queridos, para reflexionar sobre esta experiencia que nos ha marcado y también para reconstruir las puertas que la migración ha debilitado y que la literatura puede unir”, añadió.

Salvar la frontera, muestra de cuentos de autores venezolanos migrantes

Más allá del realismo

El crítico e investigador literario Carlos Sandoval dijo por su parte que Salvar la frontera reúne varias generaciones de autores venezolanos y que el principal propósito de la obra es mostrar los distintos registros de la narrativa criolla en los últimos 40 años.

Durante muchos años se pensó que la narrativa venezolana era realista. En este volumen de cuentos habría -según dijo Sandoval- relatos del género de la literatura fantástica, así como de ciencia ficción y también existen otros que buscan explorar, por ejemplo, la orientación sexual de los personajes. 

“Son muchos registros y si bien los autores viven fuera del país no se trata de un libro que hable únicamente del tema de la diáspora. Lo que nos interesaba contar es que son escritores formados en Venezuela, que ahora están en otros paisajes y que, muy probablemente, esto incida en sus futuros textos”, dijo Sandoval; al enfatizar que Salvar la frontera puede recibirse como un mapa, un panorama o una cartografía que busca responder a la pregunta de cómo son los narradores venezolanos y cuáles son sus temas.

Tenacidad editorial

Cuando busco en internet datos sobre Salvar la frontera, la búsqueda me arroja que el libro fue publicado originalmente en octubre de 2024, en la ciudad argentina de Buenos Aires.

Al momento de escribir la reseña de su presentación en la Librería El Buscón caigo en cuenta del tiempo que demoramos en recibir novedades del exterior. Es fácil deducir que estas dificultades también se deban a la crisis nacional, al costo de la importación del papel y de los libros y a su escasa difusión dentro de las pocas librerías que todavía quedan en pie en Venezuela.

En el país podemos leer Salvar la frontera gracias a una coedición de Equidistancias y abediciones, la editorial de la Universidad Católica Andrés Bello que dirige el profesor Marcelino Bisbal.

Él estuvo durante la presentación y comentó emocionado que abediciones nació en el año 2016 por iniciativa del difunto rector José Virtuoso quien le encomendó a él y a Ricardo Ramírez Requena, actual director de La Poeteca, crear una editorial que le diera cabida a los autores venezolanos. 

Así nació la Colección Narrativa que en apenas una década lleva 24 novelas publicadas y para este año estima publicar cinco libros más. 

Entre las novedades editoriales de 2026, Bisbal celebró la publicación de la nueva novela de Héctor Torres, Las líneas Torcidas, que se estima llegue a las librerías en esta tercera semana de junio; así como también la antología de autores venezolanos El adiós de Telémaco, una rapsodia llamada Venezuela. 

Este libro fue compilado por el escritor venezolano Juan Carlos Méndez Guédez y salió publicado en el año 2024 en España gracias a la editorial Confluencias. El sello editorial de la UCAB logró los derechos de la obra gracias al apoyo del autor español Nicolás Melini, según contó el profesor.

Como todos sabemos, cerca de 7,9 millones de personas han salido de Venezuela buscando mejores oportunidades de vida. Esta cifra la sustenta el Acnur, la agencia de la ONU para los refugiados; e indica en su página web que la mayoría de los migrantes, 6,7 millones de personas, ha sido acogida por otros países latinoamericanos y caribeños.

El director de abediciones confesó ante los presentes que cuando le propusieron editar Salvar la frontera, en coedición con la editorial argentina Equidistancias, recordó la novela Todos se van, de la autora cubana Wendy Guerra.

Contó que cuando leyó la obra, publicada por Bruguera en el año 2006 y luego por Anagrama en el 2014, se dijo a sí mismo: “¡Coño!, esto pasó en Cuba, pero no pasará en Venezuela.”

Ahora, como editor, asoció aquella novela “tristísima” (y hermosa) con nuestra migración, llena de “grandes amigos y buenos escritores” quienes hacen lo que pueden desde el exterior, pues “si la vida es muy dura para nosotros, cómo lo será para ellos”; se preguntó.

Literatura liberada

Antes de que el editor y escritor Héctor Torres intercambiara sus opiniones respecto a Salvar la frontera, y al estado de la literatura venezolana actual, con la gerente general de la Fundación para la Cultura Urbana, Diajanida Hernández; quiso aportar más datos sobre el libro.

Señaló que la obra contenía recreaciones de ambientes distópicos, que no era una antología del cuento migrante, y que tampoco era una antología exhaustiva realizada con criterios rigurosos que pretendiera hacer un barrido y tener la última palabra sobre la narrativa nacional. 

Por eso habló de “ausencias notorias”, como las de los escritores Rodrigo Blanco Calderón, Enza García Arreaza e Israel Centeno; y comentó que hubo autores que no llegaron a tiempo para el cierre de la convocatoria. 

A pesar de esto, aseguró que el listado de escritores que sí se encuentra en Salvar la frontera es bastante representativo de los últimos 40 años de narrativa venezolana.

“Lo más valioso es que recoge varias líneas y varios grupos que no se comunicaban entre sí y que ahora están representados. Están los autores desconocidos con otros que ya son clásicos. Unos se formaron aquí, otros no. Es una muestra que conversa con la tradición y hace puentes con otros lectores de nuestra narrativa”, agregó.

Posteriormente tomó la palabra la profesora Hernández y con la didáctica que la caracteriza explicó que todavía es muy prematuro que hablemos de “literatura de la diáspora” porque se trata de un proceso histórico y no somos un país migrante, sino que nuestra tradición es más bien de arraigo.

“La migración es una experiencia nueva, radical, violenta, difícil, que lo que sí ha generado es un mayor interés en nuestra literatura; porque tampoco es que antes no había interés. Para la muestra, aquí está sentado el maestro Rafael Cadenas. Creo que necesitamos valorar nuestra literatura en su justa medida”, reflexionó. 

Sobre la experiencia migrante, añadió que la literatura, en general, está atravesada por el tema del destierro y que la editorial Equidistancias estaría conformando un mapa de escritura que replantea el lugar del centro:

“Para ser escritor venezolano no hay que escribir desde Caracas y tampoco, necesariamente, escribir sobre Venezuela. Se es escritor venezolano cuando se responde a una tradición y a una lengua”.

Héctor Torres respaldó esta idea y la ejemplarizó con Juan Carlos Méndez Guédez, de quien dijo: “Él lleva su mundo a donde va. Buena parte de su obra ocurre en El Valle o en Barquisimeto. Esos son sus imaginarios. Los carga consigo y siguen dialogando con él. Se mestizan”.

Por eso aseguró que ahora más que nunca la literatura venezolana está viva y no puede ser constreñida a un solo tema; sea éste la crisis nacional o la migración:

“Es normal que en determinados momentos nuestra narrativa busque registrar el tema de la crisis pues es un tema importante, urgente, doloroso; pero luego se irá moviendo hacia otras claves y buscará otras maneras de representar la realidad”.

Citó a Jesús Miguel Soto y su novela Finisterre y comentó que si bien el lector puede llegar a sentir que habla de una gente que huye de un lugar; jamás habla de Venezuela y ni siquiera la menciona.

Quizás aquí haya otro registro de la realidad nacional. Torres cree que Soto buscó otros cauces para expresar el dolor y la angustia causada por la separación y la distancia.

Para terminar, comentó que la migración ha abierto líneas de comunicación hacia un todo y ahora empiezan a destacar periodistas y editores venezolanos en sellos importantes; así como también los académicos:

“Si lo sabemos aprovechar tendremos más lectores para nuestra obra, aquí y en cualquier parte del mundo, pues es una literatura bastante sólida”.

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